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Opinion

Punta Cana: crecer de espaldas a la naturaleza

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Punta Cana es uno de los polos turísticos de mayor desarrollo en la República Dominicana. Su crecimiento durante los últimos años ha sido vertiginoso, impactante y, en muchos aspectos, admirable.

Sin embargo, esa expansión también obliga a las autoridades nacionales y municipales a ejercer un control más riguroso sobre el desarrollo urbanístico, porque visualmente comienza a percibirse que la situación se está saliendo de control.

Empecemos por las áreas verdes. Cuando se llega a Bávaro-Verón-Punta Cana y se transita por el bulevar Turístico Frank Rainieri, lo que observan nuestros ojos es una fuerte agresión contra la vegetación que bordeaba ambos extremos de esa importante vía.

Árboles y extensas áreas verdes han desaparecido para dar paso a proyectos residenciales, establecimientos comerciales y otras edificaciones. Es cierto que esas construcciones representan inversión, empleos y crecimiento económico, pero también debemos preguntarnos qué se está haciendo para preservar los espacios verdes, indispensables para mantener el equilibrio ambiental y convivir con lo que nos ofrece la naturaleza.

Preocupaciones

Una situación similar, incluso con mayor nivel de agresividad, se observa en la avenida Barceló, especialmente en el tramo que conecta la zona de Downtown —antiguo Coco Loco— con Verón. Allí resulta evidente el crecimiento de las edificaciones comerciales y residenciales, pero gran parte de esa infraestructura se ha levantado a expensas de la arboleda que, hasta hace relativamente poco tiempo, constituía uno de los principales pulmones ambientales de esa vía.

Alguien podría justificarlo diciendo que se trata del progreso y que todo progreso trae consecuencias. Pero el verdadero desarrollo no puede consistir simplemente en sustituir árboles por cemento. Una comunidad puede crecer económicamente sin renunciar a su entorno natural, siempre que existan planificación, vigilancia y reglas claras.

No hay una estadística oficial consolidada que permita establecer con precisión cuántas viviendas se construyen cada año en Bávaro-Verón-Punta Cana. Sin embargo, basta recorrer la zona para comprobar la existencia de decenas de proyectos inmobiliarios en distintas fases, además de hoteles, plazas comerciales, restaurantes y centros de servicios.

El dato poblacional ayuda a dimensionar esa transformación. Verón-Punta Cana pasó de 43,982 habitantes en 2010 a 138,919 en 2022 y, de acuerdo con las proyecciones oficiales, podría alcanzar 241,767 habitantes en 2035.

Este crecimiento extraordinario exige servicios públicos, transporte, agua potable, drenaje, escuelas, hospitales y espacios recreativos en la misma proporción.

A esto se suma el impacto del Aeropuerto Internacional de Punta Cana, principal terminal aérea del país. Durante 2025 movilizó más de 11 millones de pasajeros y registró 35,092 operaciones aéreas, cifras que muestran la magnitud de la demanda turística y comercial concentrada en ese territorio.

Otra preocupación creciente son las vías de comunicación. Los congestionamientos ya forman parte de la vida cotidiana, sobre todo al caer la tarde, cuando miles de trabajadores salen de sus empleos, y durante los fines de semana, entre viernes y domingo, cuando aumenta significativamente la cantidad de visitantes.

El elevado construido en la intersección del bulevar con la carretera hacia Verón solucionó un importante punto de congestión. Una obra similar debería evaluarse para el cruce del bulevar con la avenida Barceló, donde los entaponamientos son cada vez más frecuentes.

La ampliación de esta última vía constituye un avance, pero no será suficiente. Se necesitan rutas alternas, calles de conexión interna, transporte colectivo organizado, aceras, ciclovías y una red vial capaz de adelantarse al crecimiento, no limitarse a reaccionar cuando el caos ya está instalado.

El Plan de Ordenamiento Territorial presentado recientemente contempla corredores viales, espacios peatonales, ciclovías y franjas de protección ambiental. Es una iniciativa necesaria, pero deberá aplicarse con firmeza y sin privilegios, porque los planes que se quedan guardados en documentos no detienen la tala ni resuelven los tapones.

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