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Las declaraciones del destituido director de la Policía, Andrés Modesto Cruz Cruz, preciso durante la entrega del puesto a Ernesto Rodríguez García, son una tapa al caldeado pomo policial y una peligrosa mecha a un saco de pólvora que abren un laberinto de cuestionamientos y salpican al presidente Luis Abinader.
Insinuar que fue removido a tan solo seis meses de gestión por hacer lo correcto ¿o negarse a hacer lo contrario?, parece un desafío al mandatario, que lo nombró y lo quitó y de paso lo colocó en la lista de los 15 que menos han durado.
Este mayor general, retirado del cargo y de las filas del cuerpo donde no siempre impera el orden, legó al país un incremento de intercambio de disparos de 16 % en los primeros tres meses de gestión, en comparación con el mismo periodo del año anterior.

¿Qué habrá querido decir? ¿Que el gobernante lo “partió” porque es un hombre derecho o que sus propios compañeros de armas le hicieron la contra y Abinader lo creyó el malo de esta cruenta película?
Casos empañaron
Durante su “jefatura”, hubo casos que empañaron aún más la imagen de la institución, como el del joven de Herrera, Santo Domingo Oeste y el del otro muerto a mansalva en Santiago, pese a levantar la mano.
Es cierto que ocurrieron muchas muertes anteriores a su instalación en cuestionados enfrentamientos, pero en la de este oficial empezaron junto con su mandato, tal vez como presagio de lo que vendría.
La población soporta hace rato a un organismo que no logra reducir el temor con el cambio de su uniforme de gris luto a azul marino tranquilizador, de su logo de Ley y Orden por Proteger y Servir y menos con su cambio de nombre de jefe a director.
No solo porque no trabaja por la cercanía. Es peor, porque no dejó de atropellar e incluso los ciudadanos temen ser asaltados por esos efectivos y entienden que requieren atención en salud mental.
jpm-am
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