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Opinion

Trump tendrá que transarse con Irán 

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Estados Unidos puso en marcha este lunes el Proyecto Libertad para escoltar buques petroleros y comerciales a través del estrecho de Ormuz, para asegurar el flujo energético tras el bloqueo de esta vía naval, ante el aumento de tensiones y enfrentamientos con la Republica Islámica de Irán que han provocado alta inestabilidad en la ruta crítica de cerca del 20% del petróleo mundial.

Obviamente que esto elevará el nivel de riesgo de batallas navales con cada buque escoltado que logre atravesar ese famoso punto de estrangulamiento geográfico. La pregunta aquí es si se atreverán, las lanchas armadas de Irán, a atacar a algunos de estos buques de guerra de Estados Unidos que estarán escoltando los barcos cargados con petróleo. Además, qué pasaría si algunos de estos buques de guerra o los barcos petroleros escoltados choca una de las minas marinas colocadas por Irán en sus aguas ribereñas.

Mientras tanto, la tregua entre Estados Unidos e Irán sigue en marcha, pero no porque haya disposición alguna a negociar un acuerdo que dé por concluido el conflicto, sino porque tanto la Casa Blanca como el régimen de los ayatolás no tienen la voluntad de romperla.

Aunque las dos partes parecen cansadas de esta guerra, por sus propias razones, ahora mismo no encuentran cómo salir de esta. La administración Trump muestra un fuerte agotamiento político, mientras que los iraníes aquejan fatiga militar y económica. Pero ningunos están dispuestos a aceptar nada que los muestre como derrotados antes la opinión pública de sus propios pueblos en particular y del mundo en general.

Por eso es que, tanto la administración Trump como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (que son los que tienen el poder en Irán), no han presentado ninguna propuesta de negociación creíble, para negociar el final de ese conflicto. Lo que ambos centros de poder han presentado hasta ahora como propuestas para negociar la paz, no han sido más que exigencias de rendición incondicional de la parte contraria.

Lo que pasa es que la institucionalidad estadounidense y la actual debilidad política de Trump, dificultan las posibilidades que ofrece a sus fuerzas armadas su apabullante superioridad militar. Por eso, aunque sus propuestas no logran avanzar, Trump se resiste a aceptar una negociación que requiera concesiones que lo pudieran mostrar derrotado por Irán, o que dejaran sin justificación válida esa costosa guerra iniciada por el incumbente de la Casa Blanca.

De su parte, el régimen de los ayatolás se encuentra ante una situación similar, pero al revés. La debilidad económica y militar que le ha causado esta guerra, limita su situación política, para continuar en el conflicto hasta que sus rivales estén totalmente agotados. Por ser una teocracia represiva, este régimen no tiene que hacer frente a la opinión pública, ni a la crítica de la prensa, ni a una oposición política verdadera. Tiene campo abierto para someter a los iraníes a un a infinidad de flagelos, hasta conseguir algo que se asemeje a una victoria sobre Estados Unidos e Israel. Pero, su fragilidad militar y económica les limitan para poder romper la tregua.

En definitiva, en Washington y en Teherán están hartos y agotados por esta guerra, pero no pueden salir de ella como les gustaría hacerlo, con alguna razón perceptible que lo muestre como los ganadores del conflicto.

En cualquier caso, Donald Trump quien empezó la guerra está más complicado y por esta razón, está quedando más cuestionado y aislado en el resto del mundo. En el lado  opuesto, el régimen de los ayatolás, siendo que es brutalmente represivo y anacrónico, ha recibido un nivel de respaldo y de solidaridad internacional que nunca antes había tenido.

Eso lo lleva, a mantenerse intransigente frente a las demandas y amenazas de la Casa Blanca. Y si bien la realidad pudiera cambiar en cualquier momento, en la actualidad, Trump parece que se encamina a salir de este conflicto, con una solución muy parecida, a la que prevaleció por allá por el 2015, cuando el entonces presidente estadounidense, Barack Hussein Obama y Hasán Rohani entonces presidente de Irán, firmaron el Plan de Acción Integral Conjunto, el pacto histórico que entró en vigor en 2016, con inmenso apoyo mundial.

Con ese acuerdo, Irán se comprometió a enriquecer uranio sólo en niveles de usos civiles y hacerlo bajo la estricta vigilancia del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), recibiendo a cambio, el levantamiento gradual de las sanciones económicas que le habían impuesto, Estados Unidos, Naciones Unidas y la Unión Europea.

Aquella exitosa negociación, le dio preeminencia en Irán, al sector moderado encabezado por el propio presidente Hasán Rohani, o figuras como Hosein Musavi, primer ministro (1981-1989); Mohamed Jatami presidente (1997-2005), sobre el ala radical que tenía a figuras como Mahmud Ahmadineyad, presidente (2005-2013) y el grupo de halcones que componen el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.

El acuerdo se cumplió hasta que llegó a la presidencia de Estados Unidos en 2017, Donald Trump y lo rompió en 2018, sin una justificación creíble. A partir de ese momento, los halcones recuperaron el control del país, poniendo a un lado a los moderados y empezaron a enriquecer uranio muy por encima de los niveles establecidos para usos civiles y muy cercanos a los requeridos para usos militares.

Hasta ahora, lo más lejos que parece estar en condiciones de lograr el presidente estadounidense Donald Trump, es dejar la situación con Irán, como estaba cuando él, empujado por el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, en 2018, desbarató lo acordado en 2015 por Barack Hussein Obama y Hasán Rohani.

Obviamente que todo esto puede cambiar si se reinician los ataques militares y Donald Trump se siente impulsado a lanzar bombardeos de saturación o algo más complejo y problemático, como el desplegar la infantería sobre el territorio de Irán.

jpm-am

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