En Cuba, especialmente a partir del 20 de mayo de 1925, con el ascenso al poder del general Gerardo Machado Morales, el pueblo periódicamente fue sometido a abusos que llegaron a la crueldad. Había una especie de carnaval de crímenes, tal y como se comprueba en las hemerotecas consultadas.
Uno de esos gobernantes impiadosos fue Fulgencio Batista Saldívar, del cual un profesor y periodista cubano dice: “Autoritario y populista, lo apodaban. Desde Columbia instauró el reino de las ejecuciones extrajudiciales, la fusta y el palmacristi. Fue solo un pálido anticipo de lo que vendría después del 10 de marzo de 1952¨. (De soldado sin apellido a dictador. Septiembre 2025. Luis Cino Álvarez).
En cambio, uno de los hijos de Batista señaló en un libro de memorias que su progenitor: “Logró para Cuba la riqueza más absoluta. Cuando él dejó la Isla, el tesoro público era rico…Mi padre logró una reforma social, laboral y económica que llevó a la República a estar calificada en el tercer lugar del continente en estos sectores”. (Hijo de Batista. Editorial Verbum, Madrid, España.2021. Roberto Batista Fernández).
La bibliografía sobre los tres gobernantes referidos es abundante, tanto de manera individual como al vincularlos entre sí. Un breve repaso a la historia caribeña permite decir que desde que en el 1933 “un sargento llamado Batista” encabezó el ala militar del breve proceso que provocó la huida hacia EE.UU. del dictador Gerardo Machado (quien a finales de ese año llegó en calidad de exiliado al país) comenzó Batista a hostilizar por radio y prensa a Trujillo, porque se negó a extraditar al gobernante defenestrado, provocando el resquemor del futuro dictador cubano.

Luego que Batista derrocó el 10 de marzo de 1952 al presidente Carlos Prío Socarrás y asumió el mando hubo un vaivén de colaboración y tirantez entre el nuevo mandamás cubano y el tirano dominicano. Se movían por conveniencia mutua; de acuerdo a las circunstancias de cada caso.
Pero desde que el 2 de diciembre de 1956 los expedicionarios del Yate Granma arribaron al área conocida como como Playa Las Coloradas, en la costa sureste de Cuba, los vínculos entre Trujillo y Batista se fortalecieron, coyunturalmente. El dominicano le suministró pertrechos militares al cubano para que enfrentara la guerrilla que finalmente dio al traste con su régimen de opresión.
Trujillo tenía muy presente que Castro, siendo estudiante universitario, presidió el Comité Pro Democracia Dominicana y se entrenó para participar en la frustrada expedición de Cayo Confites del 1947, cuyo propósito era derrocar al régimen tiránico que sufrían los dominicanos.
Otros detalles importantes, en el triángulo Trujillo-Batista-Castro, incluyendo el episodio de bahía de Nipe y las armas que el sátrapa criollo envió bajo engaño a Cuba los días 11, 12 y 13 de agosto de 1959, para supuestamente reforzar una rebelión contra el último, están ampliamente relatados en uno de los libros cumbres sobre el largo tramo de historia que comenzó en ese país vecino en el indicado año. (Fidel Castro Ruz, Guerrillero del Tiempo. Tomo I. Editora Búho, Sto. Dgo., junio 2012.Pp 369 y siguientes. Katiuska Blanco Castiñeira).
Trujillo se jactaba, criticando a muchos dentro y fuera de Cuba, porque al apoyar a Castro “estaban amolando cuchillo para su garganta…yo soy el único que he alertado a todos diciéndoles que Fidel es comunista”. (Trujillo: amado por muchos, odiado por otros, temido por todos. Editora Búho, 2000. P.393.Hans Paul Wiese Delgado).
Batista llegó a la República Dominicana en estado de fuga el 1 de enero de 1959. Lo alojaron junto a su familia y parte de una comitiva de exfuncionarios civiles y militares en una casa dentro de los jardines del palacio de gobierno.
A partir de ese momento Trujillo comenzó a reclamarle el pago (que tuvo que hacerlo) de una cuantiosa suma de dinero por la entrega de armas, y ordenando en su contra múltiples vejaciones. Con la ayuda de la Central de Inteligencia de los EE. UU. logró salir del país hacia Portugal en agosto de dicho año.
Los hechos arbitrarios, sin excluir excentricidades, protagonizados por Trujillo, Batista y Castro forman parte importante del tejido que cubre la convulsa historia de países enclavados en las embravecidas aguas del mar Caribe, donde a menudo la realidad supera a la ficción.
jpm-am
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