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Opinion

RD atrapada entre tres crisis simultaneas

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La República Dominicana atraviesa un momento decisivo. No se trata únicamente de una coyuntura económica ni de un problema aislado de precios. El país parece colocado en medio de tres crisis simultáneas:

  • Una crisis de visión
  • Una crisis gerencial
  • Una crisis exterior  

Las tres se cruzan en la mesa del ciudadano común, allí donde la canasta básica familiar se ha convertido en el termómetro más doloroso de la realidad nacional.

Aunque los indicadores macroeconómicos todavía presentan una imagen relativamente estable, el costo de vivir cuenta una historia distinta. Según datos publicados por el periódico económico El Dinero con base en estadísticas del Banco Central, en el primer trimestre de 2026, la canasta familiar aumentó en todas las regiones y quintiles de ingreso, con la región Ozama superando los RD$56,000 mensuales y el quintil de mayores ingresos sobre RD$79,000 en marzo de 2026.

Esa diferencia entre estabilidad estadística y angustia cotidiana revela el corazón del problema: el Gobierno del Partido Revolucionario Moderno administra cifras, pero no gobierna realidades.

I. Crisis de visión

El país no puede vivir eternamente de improvisación

La primera crisis es de visión.

Un gobierno con visión no se limita a reaccionar ante los precios, subsidiar temporalmente productos o anunciar medidas de contención. Una visión nacional implica definir hacia dónde va el país, cómo producirá más, cómo reducirá su dependencia externa, cómo protegerá el salario real y cómo insertará a la República Dominicana en una economía mundial cada vez más incierta.

El FMI ha reconocido fundamentos macroeconómicos sólidos, pero también ha advertido que el crecimiento se desaceleró en 2024 y la primera mitad de 2025 por incertidumbre y condiciones financieras más restrictivas.

Ese dato debe ser leído políticamente:

La República Dominicana no puede vivir eternamente de turismo, remesas, deuda, consumo e improvisación.

II. Crisis gerencial

Administrar cifras no siempre significa gobernar realidades

La segunda crisis es gerencial.

Gobernar no es inaugurar obras ni multiplicar ruedas de prensa. Gobernar es coordinar, anticipar, medir, corregir y ejecutar.

La administración pública dominicana sigue mostrando debilidades estructurales:

  • Duplicidad institucional
  • Baja calidad del gasto
  • Lentitud en reformas
  • Cultura de respuesta tardía frente a problemas previsibles 

El propio FMI ha señalado que las reformas fiscales y estructurales, especialmente en el sector eléctrico, son esenciales para mejorar el crecimiento de mediano plazo y fortalecer la resiliencia del país.

Cuando el Estado posterga reformas por cálculo político, la factura termina pagándola la población mediante:

  • precios más altos,
  • servicios deficientes,
  • y menor capacidad adquisitiva.

III. Crisis exterior

Un mundo multipolar y una República Dominicana expuesta a las tensiones globales

La tercera crisis es exterior.

La República Dominicana ya no puede analizarse como una isla aislada de las tensiones globales. El mundo actual atraviesa una profunda reconfiguración geopolítica marcada por conflictos entre grandes potencias, guerras comerciales, disputas energéticas, tensiones militares, reorganización de cadenas de suministro y competencia por influencia económica y estratégica.

Hoy, las decisiones tomadas en Washington, Pekín, Moscú, Bruselas o Medio Oriente terminan impactando directamente la vida cotidiana del ciudadano dominicano.

El aumento de los combustibles, la inflación de alimentos, la volatilidad de los mercados, las tasas de interés internacionales, la presión sobre el dólar, el costo del financiamiento y las alteraciones en el comercio global ya no son fenómenos lejanos; son factores que repercuten directamente en:

  • el precio de la comida,
  • el transporte,
  • la electricidad,
  • el empleo,
  • y la estabilidad económica nacional.

La República Dominicana enfrenta así una realidad compleja: mientras las grandes potencias libran disputas geopolíticas por control económico, tecnológico y estratégico, las economías pequeñas y dependientes quedan particularmente vulnerables a los efectos colaterales de esas confrontaciones internacionales.

La crisis haitiana forma parte del entorno regional y representa un desafío importante para la seguridad y estabilidad fronteriza. Sin embargo, reducir la crisis exterior dominicana exclusivamente al tema haitiano sería una visión limitada de un problema mucho más amplio y estructural.

El verdadero desafío exterior consiste en entender cómo la nueva geopolítica mundial condiciona el futuro económico y político de países como la República Dominicana.

El mundo avanza hacia un escenario multipolar donde:

  • las alianzas internacionales cambian rápidamente,
  • las tensiones comerciales redefinen mercados,
  • las guerras afectan el precio global de los alimentos y combustibles,
  • y la seguridad económica se ha convertido en un elemento central de la soberanía nacional.

En este contexto, la República Dominicana necesita mucho más que diplomacia protocolar o respuestas coyunturales. Necesita:

  • visión geoestratégica,
  • inteligencia económica,
  • diversificación productiva,
  • capacidad de negociación internacional,
  • y una política exterior alineada con los verdaderos intereses nacionales.

Porque en el nuevo orden mundial, los países que no entienden la geopolítica terminan sufriendo las consecuencias de decisiones tomadas por otros.

IV. El problema central del PRM

La ausencia de una visión estratégica nacional

Más allá de las dificultades económicas o de las tensiones globales que enfrenta actualmente la República Dominicana, la verdadera preocupación parece radicar en la ausencia de una visión estratégica nacional clara en la conducción del Estado.

El desafío no consiste únicamente en administrar crisis coyunturales, sino en construir una dirección nacional coherente capaz de preparar al país para los retos del futuro. Sin embargo, numerosos sectores perciben que el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM) parece concentrarse más en la administración de popularidad, el control de narrativas públicas y la imagen presidencial, que en desarrollar un verdadero proyecto nacional de largo plazo.

La política moderna requiere comunicación. Pero cuando la comunicación sustituye la planificación, el Estado corre el riesgo de convertirse en rehén de la coyuntura y del aplauso de las focas.

Mientras tanto:

  • el costo de vida continúa aumentando,
  • las reformas estructurales permanecen postergadas,
  • la capacidad productiva nacional sigue siendo limitada,
  • y el país continúa altamente expuesto a factores externos que afectan directamente la estabilidad económica y social.

El peligro de esta ausencia de visión estratégica no es únicamente administrativa; es mucho más profunda. Una nación que no comprende plenamente las crisis que enfrenta tampoco puede anticiparlas, prevenirlas ni prepararse adecuadamente para sus consecuencias.

No se puede prevenir aquello que no se entiende, y mucho menos puede enfrentarse aquello que ni siquiera se es capaz de comprender a priori.

La falta de visión estratégica muchas veces nace precisamente de la falta de entendimiento sobre los desafíos económicos, sociales, institucionales y geopolíticos que amenazan el futuro nacional.

Es precisamente ahí donde adquiere profunda vigencia la advertencia bíblica:

“Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento”. — La Biblia (Oseas 4:6).

Esa frase trasciende lo religioso y adquiere una poderosa dimensión política y nacional. Porque muchas veces las naciones no perecen únicamente por falta de recursos, sino por falta de comprensión, ausencia de dirección y falta de capacidad para entender el momento histórico que están viviendo.

Sin conocimiento no hay visión.
Sin visión no hay planificación.
Y sin planificación, el futuro de una nación queda expuesto a la improvisación, la vulnerabilidad y el deterioro progresivo del Estado.

Sin una visión clara, el país seguirá pendulando entre: la agonía de sobrevivir y la esperanza de estar mejor.

JPM

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