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OPINION: Una sola voz, una sola fuerza
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Nos fuimos, pero nunca nos fuimos. La contradicción eterna de la diáspora dominicana. Estamos en El Bronx, en Madrid, en Boston, pero al mismo tiempo estamos allá. Trabajamos aquí, pero soñamos allá. Mandamos remesas, medicinas, cajas, pasajes, ataúdes. Sostenemos la economía de un país que todavía no nos reconoce como lo que somos: su columna vertebral fuera de sus fronteras.
Somos más de 2.8 millones fuera del país. Aportamos más de 10 mil millones de dólares al año. Eso es más que el turismo, más que las zonas francas. Sin nosotros, el país se cae. Pero a la hora de reclamar, cada quien reclama por su lado.
GRITOS AISLADOS QUE NADIE ESCUCHA
Un grupo protesta por el voto en el exterior. Otro por los altos precios de los pasajes. Otro por los abusos en la aduana. Otro por la inseguridad de nuestras familias allá. Todos con razones válidas, todos gritando en habitaciones separadas. Y el poder, tanto aquí como allá, nos prefiere así: divididos, ruidosos pero inofensivos.
Necesitamos organizarnos. No como un club más, no como otra asociación que se reúne cada diciembre para una fiesta, sino como una sola entidad, con una sola agenda y una sola voz.
¿Qué pasaría si habláramos como un solo cuerpo para decirle al gobierno dominicano: queremos representación real, no diputados de ultramar que nadie conoce. Queremos servicios consulares dignos, sin maltratos ni sobreprecios. Queremos que se acabe el chantaje de la aduana. Queremos seguridad para nuestra gente y para nuestra inversión.
Para decirle al gobierno de aquí: somos contribuyentes, somos votantes, somos ciudadanos. No somos mano de obra barata invisible. Exigimos respeto, educación bilingüe para nuestros hijos y protección para nuestros envejecientes?
DIVIDIDOS POR COLORES, UNIDOS POR LA RAIZ
Mientras estemos divididos por el partido y por el apellido, seguiremos siendo útiles pero sin poder. El poder no escucha súplicas individuales. El poder solo negocia con otro poder.
Ya no somos los recién llegados del 65. Somos empresarios, concejales, maestros, militares, doctores, choferes, dueños de bodegas y de empresas. La segunda y tercera generación ya nació aquí. No podemos seguir actuando como visitantes temporales.

Organicemos un Congreso de Unidad de la Diáspora. Abierto, virtual y presencial. Que cada asociación, cada iglesia, cada equipo de softball, mande un delegado. Con una agenda única de 10 puntos. Que no sea la agenda de un líder, sino la agenda de todos. Votada y firmada por todos.
También podríamos crear una confederación permanente. Una sola entidad legal, con vocería rotativa y transparencia, que canalice todos los reclamos. Que cuando llame a Washington o al Palacio Nacional, tengan que coger el teléfono.
PRINCIPAL MISION DE NUESTROS LIDERES
Esa debe ser la misión principal que deben asumir nuestros líderes en el exterior. Porque seamos claros: tenemos muchos presidentes de asociaciones, pero pocos líderes de la diáspora. Tenemos muchos que buscan una foto con el presidente de turno que viene de visita, pero pocos que le lleven una agenda escrita y le digan: «Esto es lo que exigimos».
El líder en el exterior no puede seguir pensando en chiquito. No puede ser solo organizar la fiesta patronal, el torneo de dominó, la feria del libro o el operativo médico de verano. Eso es importante, pero no es suficiente.
La verdadera misión del líder de hoy es dejar de dividir por partidos. El líder que solo trabaja si es de su color, no es líder de la diáspora, es delegado de un partido aquí. El líder real pone la comunidad por encima del color.
Es dejar de buscar protagonismo y buscar unidad. Necesitamos menos presidentes y más servidores. Menos tarimas con cinco personas y más mesas de trabajo con 500.
Y es formar a los que vienen detrás. No perpetuarse 20 años en la misma silla, sino preparar a los jóvenes dominico-americanos que ya son abogados, concejales y empresarios, para que tomen el relevo con poder real en EE.UU.
Si nuestros líderes en el exterior no asumen esa misión de unificar y organizar como UNA SOLA ENTIDAD, entonces no son líderes, son solo administradores de la nostalgia.
Nos fuimos de nuestra tierra por necesidad, no por falta de amor. Ahora es tiempo de regresar, no con maletas, sino con poder.
Organizados, somos imparables. Divididos, somos solo nostalgia.
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