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Opinion

Andrés Navarro, hombre de armas del pasado

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Andrés Navarro Castro, “generoso y valiente”, fue uno de los hombres de armas más activos que tuvo el país en el tramo final del siglo XIX y principios de la centuria siguiente. Su principal campo de acción fue la Línea Noroeste, de donde era originario. Detalles sobre sus andanzas los relata el historiador Bernardo Pichardo en su manual titulado Resumen de historia patria (Pp.230 y siguientes).

Su padre era de Monte Cristi y su madre de Manzanillo (donde nació el referido personaje). Ni por asomo sus progenitores se imaginaron que, como el dios supremo Júpiter y Juno, la reina de los dioses, en la mitología romana, tendrían un hijo que podría equipararse en versión masculina a la célebre Minerva. Tenía una inclinación natural por las revueltas armadas. Ese era su signo distintivo como hombre público.

Rufino Martínez (Diccionario biográfico-histórico (Pp.379-381) lo definió como solidario, honrado y con gran sentido de la amistad. Por un tiempo, a petición de Juana Ogando, formó parte de la escolta del dictador Ulises Heureaux. Ella observó en ese apuesto joven noroestano condiciones de guerrero excepcional. El uniforme militar que usaba siempre estaba “limpio y con el filo del pantalón flamante”.

Participó en la fracasada expedición del vapor Fanita, bajo el liderazgo militar de Juan Isidro Jimenes, que desembarcó en Montecristi en 1898 para enfrentar a Ulises Heureaux. Cuando abatieron a este en Moca, el 26-7-1899, los seguidores de Navarro penetraron al país desde Cabo Haitiano. Vencieron a los lilisistas del noroeste y rechazaron las ofertas del presidente en funciones Wenceslao Figuereo, apodado Manolao.

Comenzando el siglo XX Navarro se opuso a Horacio Vásquez y a Ramón Cáceres. Apoyó la caída del gobierno provisional del primero y fue opositor tenaz del segundo. El 11 de octubre de 1902 fue herido y apresado en Monte Cristi por los horacistas. Lo condujeron en volandas a la Fortaleza Ozama, en Santo Domingo, donde por unos meses tuvo que chupar barrotes en esa temible cárcel.

El 23 de marzo de 1903, al producirse el derrocamiento del presidente provisional Horacio Vásquez, por un alzamiento armado de los seguidores de Juan Isidro Jimenes, salió en libertad y retornó al entonces Distrito Marítimo de Monte Cristi. Allí ejerció de nuevo como gobernador. Ya tenía la calidad de cacique político y militar, por su fogueo en ambas actividades.

El presidente Carlos Morales Languasco (1903-1906) emitió un decreto de amnistía para apaciguar a sus enemigos políticos. Andrés Navarro fue uno de los favorecidos. Aprovechó ese acto para cesar sus acciones bélicas. El caudillo Desiderio Arias estaba casado con Pomona, hermana de Navarro, y que ese vínculo familiar acercó a los dos hombres de armas, que en varias ocasiones hicieron causa común.

Navarro logró escaparse de la matanza de opositores que el 7 de marzo de 1906 ordenó en Guayubín el presidente Ramón Cáceres, quien puso al frente de esa degollina al implacable Manolo Camacho. Un general servil en extremo a los dictados de su jefe. Cáceres tenía menos de dos meses en el poder.

Según relatos del pasado Navarro llegó a ese histórico pueblo bajo engaño de otros que tenían la malicia que le faltaba a él. Logró refugiarse en Haití, pero luego pudo retornar al país. Ya en tierra dominicana se involucró en la derrotada y despectivamente llamada “Rebelión de los recortados”, emprendida por los jimenistas con el fin de tomar el poder.

Presintiendo que el gobierno cacerista deseaba asesinarlo cruzó de nuevo la frontera con Haití. Se estableció en el poblado de Juana Méndez, a unos pasos de la ciudad de Dajabón. Tiempo después hasta ese país vecino llegó el brazo criminal de la Guardia Republicana, también conocida como la Guardia de Mon.

Cumpliendo órdenes de la autoridad estatal, y recibiendo soborno de dinero, un teniente del referido cuerpo armado y un ahijado del general Andrés Navarro (quien poco después se suicidó por remordimiento y por el rechazo de su familia a su hecho abominable) le dieron muerte a traición, aprovechando un descuido bajo la sombra de una noche de enero de 1910.

jpm-am

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