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Fabricamos dólares y somos los más endeudados (OPINION)
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Resulta paradójico que la nación que imprime la moneda más utilizada del planeta sea, al mismo tiempo, la más endeudada del mundo. Estados Unidos, centro neurálgico de la economía global y emisor del dólar estadounidense, ha acumulado una deuda pública que supera los treinta billones de dólares, una cifra difícil de imaginar incluso para los más experimentados economistas.
Tras salir victorioso de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos consolidó una posición de liderazgo económico, militar y político sin precedentes. La devastación sufrida por Europa y gran parte de Asia dejó a la economía norteamericana como la principal potencia productiva del planeta. A partir de los acuerdos de Bretton Woods en 1944, el dólar fue adoptado como la principal moneda de referencia para el comercio internacional, desplazando progresivamente a otras divisas y convirtiéndose en el instrumento fundamental de intercambio entre las naciones.
Esa condición privilegiada otorgó a Estados Unidos una ventaja extraordinaria. Mientras otros países deben producir bienes, exportar servicios o captar inversiones para obtener divisas, la economía estadounidense posee la capacidad de emitir la moneda que el mundo demanda para comerciar, ahorrar y realizar transacciones internacionales. En teoría, podría parecer que una nación con semejante privilegio tendría pocas razones para acumular niveles tan elevados de endeudamiento.
Sin embargo, la realidad demuestra que la capacidad de emitir moneda no elimina las restricciones económicas. Durante décadas, los gobiernos estadounidenses han financiado gastos militares, programas sociales, infraestructura, rescates financieros y déficits presupuestarios mediante la emisión constante de deuda.
Los bonos del Tesoro estadounidense son adquiridos por gobiernos, bancos centrales, fondos de inversión y millones de inversionistas alrededor del mundo que continúan confiando en la fortaleza institucional de esa nación.
La gran pregunta es: ¿cómo puede endeudarse tanto un país que fabrica la moneda con la que paga sus compromisos?
La respuesta radica en que la confianza internacional en el dólar ha permitido a Estados Unidos financiar sus déficits en condiciones que ninguna otra economía podría sostener durante tanto tiempo. Mientras exista confianza en el sistema financiero norteamericano, la demanda de dólares y de bonos del Tesoro continuará proporcionando oxígeno a su economía.
No obstante, esa situación no está exenta de riesgos. El crecimiento acelerado de la deuda pública, el aumento de los intereses que debe pagar el gobierno y el surgimiento de potencias económicas que buscan reducir la dependencia del dólar plantean interrogantes sobre la sostenibilidad de este modelo en el largo plazo. China, Rusia y otros países han impulsado mecanismos alternativos de comercio internacional para disminuir la hegemonía de la moneda estadounidense.
La historia económica mundial demuestra que ningún privilegio es eterno. Estados Unidos sigue siendo la principal potencia económica y financiera del planeta, pero también constituye un ejemplo de cómo incluso quienes controlan la moneda de referencia global pueden enfrentar niveles de endeudamiento gigantescos. La capacidad de imprimir dinero no sustituye la disciplina fiscal ni garantiza estabilidad permanente.
La gran lección para el mundo es que la fortaleza económica de una nación no depende únicamente de la moneda que emite, sino de la confianza que inspira, de la productividad que genera y de la responsabilidad con que administra sus finanzas. Y en ese aspecto, el caso estadounidense continúa siendo una de las mayores contradicciones económicas de nuestro tiempo: fabrican dólares, pero también son los más endeudados.
jpm-am
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