Opinion
Unción de los enfermos: sacramento de esperanza
Cada 11 de febrero se celebra la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, conmemorando las apariciones de nuestra Madre espiritual la Virgen María a Bernadette Soubirous en 1858 en Lourdes, Francia, donde se presentó como la Inmaculada Concepción, intercediendo por sanación espiritual y física de tantos enfermos.
Aunque nuestra entrega de hoy no se centra en estas apariciones de nuestra Madre es importante señalar la esencia de su mensaje a través de la vidente Bernadette el cual se centra en un llamado amoroso y evangelizador: Dios ama a cada persona tal como es, con sus virtudes y defectos, y todos somos dignos ante Él.
La Virgen invitó a la oración (especialmente el rosario), a la penitencia y conversión («¡Penitencia, penitencia, penitencia!»), al cuidado de los pecadores y enfermos, y a aceptar la cruz en esta vida para alcanzar la verdadera felicidad en la otra («No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro»).
La Unción de los Enfermos es uno de los siete sacramentos de la Iglesia Católica, instituido por Jesús para proporcionar consuelo, sanación y fortaleza a los que se enfrentan a la enfermedad. Es preciso aclarar que este sacramento no está destinado únicamente a aquellos que están en el umbral de la muerte, sino también a quienes sufren de enfermedades graves, sea física o espiritual. La Iglesia nos invita a no tener miedo de administrar este sacramento a nuestros enfermos, ya que es un canal de gracia donde se desborda la misericordia del amor de Dios.
El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC 1511) explica que “los que reciben la Unción de los Enfermos, se encuentran en una situación de dificultad, con sus limitaciones y sufrimientos”. Al recibir este sacramento, los fieles son ungidos con el óleo santo, lo que simboliza la sanación y la presencia del Espíritu Santo. El sacramento también incluye la oración por la salud del enfermo, y es un momento de profunda conexión con Dios.
Insisto y animo a no tener miedo a la Unción de los Enfermos. No veamos a este sacramento como si implicara una despedida inminente, sino más bien veamos en él una fuente de gracia, consuelo y amor a los que lo necesitan. La Unción de los Enfermos es un verdadero don que nos recuerda que, en cualquier momento de nuestra vida, Dios está con nosotros, y que nunca estamos solos en nuestra enfermedad.
jpm-am
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