Opinion

Una mirada al Foro Económico Mundial: Davos 2026

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EL AUTOR es Master en Gestión y Políticas Públicas. Reside en Santo Domingo

El Foro Económico Mundial (The World Economic Forum, WEF), comúnmente conocido como el Foro de Davos, es una organización no gubernamental internacional con sede en Cologny, Suiza, fundada el 24 de enero de 1971 por el economista alemán Klaus Schwab.

Desde su creación, esta entidad convoca anualmente a líderes empresariales, jefes de Estado y de gobierno, representantes de la sociedad civil, académicos y medios de comunicación, con el objetivo de debatir los desafíos globales más urgentes y establecer prioridades que orienten la agenda mundial.

Con la finalidad de analizar la problemática económica internacional, cada año se reúnen en este foro líderes de más de cien países. Con el paso del tiempo, el WEF ha ampliado su campo de acción hacia una agenda mucho más compleja, incorporando temas sociales, tecnológicos, medioambientales y geopolíticos.

El Foro de Davos se ha consolidado así como uno de los encuentros más influyentes del mundo, al congregar a presidentes, figuras públicas y a los actores económicos más poderosos del planeta. El Foro Economico Mundial 2026 con el sloga: «un lugar de encuentro entre lideres para entender los retos globales y lograr entre todos que el mundo avance». Y como tema:»Espiritu de dialogo».

En 2026, la reunión tuvo lugar del 19 al 23 de enero, en un escenario global marcado por profundas tensiones e incertidumbres. La nota sobresaliente fue la presencia del presidente de Estados Unidos Donald J. Trump con su discurso incendiario.

Si en 2025 quedó en evidencia del abismo entre las esperanzas de progreso y los temores colectivos, el contexto de Davos 2026 no resultó menos turbulento. Durante el año anterior persistieron las incertidumbres geoeconómicas, las tensiones comerciales, la creciente polarización cultural y la ansiedad provocada por la crisis climática.

 Paralelamente, el Foro alimentó la expectativa de una rápida innovación tecnológica —especialmente en inteligencia artificial, computación cuántica y biotecnología— como motor para impulsar la productividad y mejorar el nivel de vida de la población mundial. Estas eran las promesas destacadas por expertos del propio Foro Económico Mundial en la reunión celebrada entre el 20 y el 24 de enero de 2025.

No obstante, en 2026 dichas expectativas volvieron a verse opacadas por una agenda internacional cargada de conflictos y decisiones unilaterales. El aumento de los aranceles aduaneros impulsado por el presidente Donald Trump mantiene al mundo en vilo, al igual que sus reiteradas intenciones de adquirir Groenlandia. A ello se suman propuestas geopolíticas de alto impacto, como la creación de una organización internacional para la paz y la reconstrucción de la Franja de Gaza, las complejas negociaciones para alcanzar un acuerdo entre Rusia y Ucrania, la necesidad de restablecer la confianza en el orden internacional, la cooperacion global, el crecimiento economico y el debate sobre el desarrollo de la inteligencia artificial y su impacto directo en el empleo global.

La importancia del Foro Económico Mundial radica en que sus decisiones y orientaciones influyen de manera directa en la vida cotidiana de millones de personas. Sus efectos se extienden a los ámbitos económico, educativo, laboral, sanitario, medioambiental y al bienestar general. No es casual: quienes se reúnen en Davos concentran una parte sustancial del poder político y económico global, impulsan reformas estructurales y controlan una porción significativa de los recursos financieros del mundo. Por ello, las decisiones que se discuten en este foro deberían ser ampliamente conocidas y debatidas por la ciudadanía, pues en ese espacio se delinean, en gran medida, las hojas de ruta que marcan el destino de las naciones.

Sin embargo, también es necesario asumir una mirada crítica. Muchos de los actores presentes en el Foro Económico Mundial son, al mismo tiempo, responsables de los desequilibrios climáticos y del deterioro medioambiental. Son quienes explotan intensivamente los recursos naturales y quienes tienen la mayor responsabilidad de establecer un equilibrio real entre crecimiento económico y desarrollo sostenible. Sin compromisos concretos y verificables, el discurso ambiental corre el riesgo de convertirse en una retórica vacía.

En la actual etapa de globalización, el mundo se encuentra profundamente interconectado y ninguna nación puede sobrevivir de manera aislada. Las ideas y propuestas que emergen de Davos tienen repercusiones globales y afectan directa o indirectamente a cada habitante del planeta. Por ello, conocerlas, analizarlas y cuestionarlas constituye un ejercicio esencial para la conciencia colectiva y la gobernanza democrática internacional.

Alcanzar los objetivos planteados por el Foro exige una cooperación efectiva entre los líderes del mundo. Es imprescindible equilibrar un crecimiento resiliente e inclusivo, proteger la naturaleza, acelerar la transición energética —reduciendo el uso de combustibles fósiles e impulsando las energías limpias— y promover el uso responsable de la tecnología.

Desde la perspectiva de los países del llamado tercer mundo o de economías de desarrollo medio, persiste la expectativa de una integración más justa al nuevo sistema económico global planteado en Davos.

 Estos países esperan contribuir activamente al logro de objetivos como la seguridad alimentaria, la protección medioambiental, el crecimiento económico sostenible y resiliente, así como a la promoción de prácticas responsables de reducción, reciclaje y reutilización de recursos en favor del cuidado de la naturaleza y de un mundo más equitativo.

Finalmente, el Foro Económico Mundial busca generar un diálogo constructivo entre líderes políticos, económicos, empresariales, sociales y científicos de más de cien países, con el fin de analizar las causas profundas de los problemas actuales y construir, de manera conjunta, un futuro más prometedor. Así lo expresó José Manuel Corrales, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea.

La interrogante que deja Davos 2026 no es solo qué temas se discutieron, sino qué acciones concretas se adoptaron —o se dejaron de adoptar— para transformar los diagnósticos reiterados en soluciones reales y sostenibles.

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