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SD no necesita más ruidos; necesita más silencios”.
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La “Ribera Silenciosa” del Río Ozama como antídoto al caos de la calle 42
Vivimos en una ciudad que no duerme. No porque trabaje de noche, sino porque nunca apaga el ruido. En Santo Domingo el promedio del ruido en avenidas como la “27 de febrero” y “Máximo Gómez” supera los 78 dB (decibeles: unidad de medida del sonido) a las 5:00 pm, según el Ministerio de Medio Ambiente.
Una bocina llega a 110 dB. La OMS advierte que a partir de 55 dB el ruido ya daña la salud cardiovascular. Tenemos ley de ruido, pero no tenemos cultura de silencio. Tenemos operativos, pero no tenemos espacios silenciosos y seguros.
EL RUIDO NOS ENFERMA Y NOS VIOLENTA
El silencio es medicina. El ruido es violencia lenta. La ciencia es clara: 2 horas de silencio generan neuronas nuevas. 10 minutos bajan el cortisol. El ruido hace lo contrario. Nos mantiene en «modo pelea». Y nos pone violentos.
Estudios del DIW Berlín confirman que, a mayor ruido de tránsito, mayor aumento de riñas y crímenes. El cerebro saturado no razona, reacciona.
En SD se ve: los barrios con más ruido suelen ser los más violentos. Donde hay 5 “colmadones” y motorizados a 120 dB, hay más conflictos y riñas. El problema de SD no es que haya ruido. El problema es que no hay contraste con silencio.

En cambio, los barrios más arborizados y sin “colmadones” tienen menos delincuencia y menos accidentes. Más árboles = menos ruido = menos estrés = menos choques. La sombra baja la velocidad. La banca invita a conversar.
El ruido nos apura, gasta energía, nos aísla, aunque haya gente, genera violencia y está presente siempre. En cambio, el silencio nos ancla, recarga energía, nos contacta con nosotros, genera convivencia y apenas, 10 minutos al día lo cambian todo.
EL SILENCIO ES ARTE, PENSAMIENTO Y TERAPIA.
Buda, Gandhi, Thoreau. Todos entendieron que las grandes ideas nacen en quietud.
En música el silencio no es pausa. Es nota. John Cage hizo 4’33» para enseñarnos a oír. Si una ciudad no tiene silencio, no tiene pensamiento. Solo tiene consumo.
EL PACTO DEL SILENCIO: 3 PROPUESTAS PARA SD.
No se trata de callar la ciudad. Se trata de crear «islas de silencio” que cuestan poco.
- Micro-espacios:
- Parques de Bolsillo Silenciosos: 3 solares por sector con 20 árboles y letrero: «Zona de Silencio».
- Minuto de Silencio Urbano: 1 domingo al mes, 12:00pm, 5 minutos sin carros en 3 avenidas. Como en Bogotá.
- Aulas de Atención: 10 min al inicio de clases. Campana + silencio. UNICEF bajó 30% la agresividad. B. Meso-espacios: Riberas Silenciosas del Ozama: Quitar casetas. Sembrar mangle y bambú. Ciclovía + «Hable bajo. Escuche el río». Calles 30 + Sombra: Máx 30km/h + 1 árbol cada 8m. Menos velocidad = menos ruido = menos accidentes. C. Niños y Envejecientes: guardianes del silencio: «Abuelo Cuenta-Cuentos en Silencio»: 1 vez por semana en cada parque. Voz sin micrófono. «Guardianes del Árbol»: Pareja Niño + Abuelo adopta 1 árbol. «Caminata Lenta»: Domingos 7am. Sin celular. Termina en el río. ¿Por qué ellos? Porque el niño aún oye grillos. Y el abuelo recuerda cuando SD se dormía con la ventana abierta.
EL SILENCIO ES POLÍTICA PÚBLICA.
El silencio es infraestructura. Igual que aceras y agua. Una ciudad sin zonas de silencio es una ciudad que enferma, que choca y que se agrede. Como decía Simone de Beauvoir: «Una sociedad que desprecia la vejez, desprecia la vida». Agrego: Una sociedad que desprecia el silencio desprecia la convivencia.
El ruido te informa. La música te emociona. El silencio te transforma. Si logramos que un niño y un envejeciente se sienten 10 minutos a escuchar el Ozama sin celular, habremos recuperado la ciudad. Y quizá también la paz.
Como dijo John Cage:
«El silencio no existe. Solo hay que aprender a escuchar”
Referencias:
- OMS. Enviromental Noise Guidelines, 2018.
2.Ministerio de Medio Ambiente RD. Reportes de monitoreo de ruido urbano 2023-2024.
- DIW Berrlin. Noise and Crime: Evidence from Germany, 2018.
- Duke University. Silence and Neurogenesis, 2013.
- Jane Jacobs. Muerte y Vida de las Grandes Ciudades, 1961.
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