Opinion

Problemas estructurales de RD en perspectiva

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El autor es economista. Reside en Santo Domingo

POR OMAROY MÉNDEZ GARCÍA 

A pesar de haber sido durante años la «estrella del crecimiento» en América Latina, la República Dominicana ha llegado a un punto donde el modelo de crecimiento basado exclusivamente en consumo, turismo y remesas está mostrando signos de fatiga y deterioro.

A diciembre de 2025, tenemos los problemas  estructurales que nos presentan fallas en los cimientos, que limitan nuestra capacidad de convertir el crecimiento del PIB en desarrollo humano real.

Dentro de  los ejes  críticos:

1. El Déficit Eléctrico: una «Sangría» Fiscal Permanente

Este es, quizás, el problema más persistente. A pesar de las inversiones en generación, las pérdidas en la distribución (técnicas y por robo) siguen rondando los US$1,800 millones anuales.

Impacto: Este déficit absorbe recursos que deberían ir a educación o infraestructura, convirtiéndose en un lastre para las finanzas públicas que obliga a un endeudamiento constante solo para «mantener las luces encendidas».  Así también para aumento de la generación dada la proyección en el incremento de la demanda futura y como vendedor de energía a nuestros vecinos del Caribe.

2. Baja presión tributaria y calidad del gasto.

Tenemos una de las presiones fiscales más bajas de la región (en torno al 14-15% del PIB), mientras que el servicio de la deuda ya consume una parte alarmante de los ingresos tributarios.

El dilema: Existe una resistencia social legítima a más impuestos debido a la percepción de ineficiencia en el gasto. El Estado gasta mucho en nómina pública y poco en inversión pública de alto impacto (la cual ha caído por debajo del 3% del PIB en periodos recientes).

3. El dualismo del mercado laboral (informalidad)

Más del 50% de nuestra fuerza laboral es informal. Esto crea un círculo vicioso:

Baja productividad.

Falta de protección social (seguridad social limitada).

Salarios estancados que no han crecido al mismo ritmo que la economía, lo que explica por qué muchas personas no «sienten» el crecimiento del que hablan las cifras oficiales.

4. Educación: El techo de la productividad

Aunque cumplimos con el 4% del PIB para la educación, los resultados en pruebas internacionales (como PISA) siguen siendo desalentadores.

Consecuencia: Sin capital humano calificado, no podemos transicionar de una economía de servicios básicos (turismo de sol y playa) a una de alto valor agregado (tecnología, nearshoring avanzado). Estamos atrapados en la «trampa del ingreso medio».

5. Vulnerabilidad Externa y Dependencia de EE. UU.

Nuestra economía está «dolarizada» en la práctica y es extremadamente sensible a lo que sucede en Washington, sin pensar en las consecuencias de poner los huevos en una sola canasta.

Riesgos: Cualquier endurecimiento de la política comercial de EE. UU., o una desaceleración en su consumo afecta inmediatamente las remesas y el flujo de turistas, que son los pulmones que mantienen estable nuestro tipo de cambio y oxigenada nuestra economía.

6. La crisis en Haití y el gasto en seguridad

La inestabilidad estructural del país vecino ha dejado de ser un tema puramente diplomático para ser uno económico.

Costo: El gasto en seguridad fronteriza, salud y presión sobre los servicios públicos locales es una variable que ya no se puede ignorar en el presupuesto nacional.

Conclusión: 

El país necesita urgentemente un Pacto Fiscal Integral y una reforma profunda del sector eléctrico. No podemos seguir financiando el crecimiento con deuda mientras los cimientos de la productividad (educación y energía) siguen agrietándose. El reto para 2026 no es cuánto vamos a crecer, sino cómo vamos a crecer para que sea sostenible y se traduzca en desarrollo social.

omaroymendezg@outlook.com

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