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Opinión: El fraude de las sillas de ruedas en los aeropuertos
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Hay una escena que ya no sorprende a nadie en el Aeropuerto Internacional de Las Américas ni en el JFK de Nueva York. Decenas de dominicanos esperan en fila para abordar, sentados en sillas de ruedas. Asistentes los empujan, los ayudan con las maletas, los pasan primero por migración. El avión aterriza. Y ocurre el milagro. La mayoría se levanta. Camina. Recoge su equipaje de mano del compartimento superior. Se va caminando, riendo, grabando el “resuelve” para TikTok.
No están enfermos. No tienen una lesión. No son adultos mayores con movilidad reducida. Son personas perfectamente capaces de caminar que descubrieron un atajo. La silla de ruedas se convirtió en un pase VIP para evadir la fila, abordar primero y pasar migración sin esperar.
Esto no es ser “tigre”. No es “buscarse lo suyo”. Es fraude. Y es un fraude que tiene víctimas muy concretas.
PERJUDICAN A QUIEN SI NECESITA LA SILLA
Por cada farsante que pide una silla sin necesitarla, una persona con discapacidad real sufre las consecuencias. Las aerolíneas lo saben. American Airlines reportó que en vuelos desde República Dominicana, más del 30% de los pasajeros solicitaba asistencia en silla de ruedas, pero al desembarcar menos del 5% la usaba. En Miami, el personal ya habla de “vuelos milagrosos”.
¿Qué pasa entonces? Las aerolíneas endurecen los controles. El servicio se vuelve más lento. El personal trata con sospecha a todo el que llega en silla. Piden pruebas, hacen más preguntas, retrasan la asistencia. ¿Quién sufre? El señor con parálisis, la señora de 80 años con artrosis, el joven que tuvo un accidente. Personas que no pueden levantarse y caminar porque su cuerpo no se los permite. Ellos ahora son vistos con duda por culpa de los que mintieron.

La silla de ruedas existe para igualar condiciones. Para que alguien que no puede estar de pie dos horas en migración tenga el mismo acceso que los demás. Cuando tú la usas sin necesitarla, le estás robando tiempo, dignidad y recursos a quien depende de ella para vivir.
DAÑAN LA REPUTACION DEL PAIS
Cada video de dominicanos levantándose de la silla al llegar a EE.UU. se hace viral. Medios estadounidenses ya han hecho reportajes. Comediantes nos usan de chiste. Oficiales de migración nos miran distinto.
Después nos quejamos de que “nos tratan mal afuera”. Nos preguntamos por qué el oficial de CBP hace más preguntas o por qué revisan más maletas de vuelos desde Santo Domingo. Parte de la respuesta está en esos videos. Nosotros mismos alimentamos el estereotipo del dominicano tramposo. Nosotros mismos nos cerramos puertas.
Un país no construye respeto internacional a base de atajos. Lo construye con gente que hace la fila, aunque esté larga. Que respeta las reglas, aunque nadie mire. Ese es el dominicano que queremos que vean afuera.
AFECTAN EL BOLSILLO DE TODOS
El servicio de sillas de ruedas no lo paga el aeropuerto. Lo pagan las aerolíneas. Contratan personal, compran equipos, coordinan logística. Cuando 50 personas por vuelo piden un servicio que no necesitan, ese costo operativo sube. ¿Y quién cree que lo absorbe? Nadie. Lo meten en el precio del boleto.
Todos los que viajamos terminamos financiando la trampa. El que hace la fila, el que llega tres horas antes, el que cumple las normas, paga por el que quiso “ser más vivo”. Es un impuesto a la honestidad.
¿DE DONDE SALE ESA CONDUCTA?
De una cultura que aplaude el atajo. Que confunde ser “tigre” con ser deshonesto. Que celebra al que “resuelve” aunque resolver signifique pasarle por encima al otro. Nos enseñaron que el más inteligente es el que dobla las reglas sin que lo atrapen. Y eso, en un aeropuerto, se traduce en fingir una discapacidad.
Pero hay una diferencia enorme entre buscarse la vida y burlarse de los vulnerables. Usar una silla de ruedas sin necesitarla es burlarse de millones de personas que darían lo que fuera por poder levantarse y caminar esas dos horas de fila.
Esto tiene solución, pero requiere que todos dejen de hacerse los locos.
En Estados Unidos, la Air Carrier Access Act obliga a dar asistencia, pero no prohíbe pedir documentación para discapacidades no evidentes. Delta ya exige una constancia simple en algunos casos. JetBlue y American están evaluando lo mismo. Si no tienes una limitación visible y no presentas una nota médica, vas a fila regular. No es discriminación. Es control de fraude.
Fingir una discapacidad para obtener un beneficio es fraude en muchos países. En EE.UU. puede implicar multas. Migración dominicana y el CESAC en el AILA deberían levantar reportes. Si pediste silla para salir y llegas caminando a tu destino, que quede registrado. Reincidencia debería tener consecuencias.
El cambio más difícil es cultural. El primo que “resolvió” no es un ejemplo. Es parte del problema. Hay que dejar de celebrar la trampa. Hay que tener el valor de decirle: “Eso no está bien”. Porque mientras lo veamos como gracia, lo seguirán haciendo.
Viajar es un derecho, pero hacerlo con respeto es un deber. La próxima vez que veas a alguien pidiendo silla de ruedas y sepas que no la necesita, recuerda esto: no le está ganando al sistema. Le está quitando la silla al que mañana de verdad no pueda caminar.
La dignidad no se mide por qué tan rápido pasas migración. Se mide por a quién no estuviste dispuesto a pisotear para llegar primero.
Ser dominicano fuera del país debería ser motivo de orgullo. No de vergüenza ajena. Y eso empieza en la fila del aeropuerto. De pie, esperando tu turno, como todos los demás.
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