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No queremos rey en el Consulado (OPINION)
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Hay cargos que exigen humildad. El de cónsul general de la República Dominicana en Nueva York es uno de ellos. No es un trono. No es una corona heredada. Es una oficina de servicio en la capital del mundo, donde vive la diáspora más grande, más trabajadora y más sufrida que tiene nuestro país fuera de la isla.
Y sin embargo, desde hace años, muchos dominicanos en Nueva York tenemos la misma sensación incómoda: en el consulado no tenemos un servidor público, tenemos un rey. Un pequeño monarca del siglo XXI, rodeado de cortesanos, con agenda propia, con favores propios, con negocios propios, y con una comunidad a sus pies que debe hacer fila, aplaudir y pedir audiencia.
Y ya estamos cansados.
EL CONSULADO NO ES UNA FINCA
El Consulado Dominicano en Nueva York atiende a más de un millón de dominicanos. Gente que se levanta a las 5 de la mañana a trabajar en factorías, hospitales, escuelas, restaurantes, bodegas, taxis, construcción. Gente que envía remesas que sostienen la economía nacional. Gente que no pide privilegios, solo pide respeto y eficiencia.
Lo que no puede ser es que esa comunidad sea tratada como súbdita.
No queremos un rey que llega con séquito, que decide a quién recibe y a quién no, que convierte cada operativo, cada entrega de útiles, cada visita de un funcionario en un acto de campaña personal. No queremos un rey que usa el consulado como plataforma política para mantenerse vigente en Santo Domingo, mientras aquí los servicios siguen siendo lentos, caros y deshumanizados.
El consulado no es una extensión del partido. No es una agencia de empleos para los compañeros. No es una empresa familiar. Es una institución del Estado dominicano, pagada con el dinero de todos los dominicanos, incluyendo los que vivimos aquí.

Cuando un dominicano va al consulado a sacar un pasaporte, una carta de ruta, un poder notarial, no va a pedir un favor. Va a ejercer un derecho. Y no tiene que agradecerle al cónsul como si fuera una dádiva del monarca. Para eso está. Para servir.
LA CULTURA DEL VASALLAJE
Lo más peligroso no es el rey, es la corte que lo sostiene. Esa cultura del vasallaje que hemos importado: el lambonismo, la foto, el aplauso comprado, el «jefe, usted es el mejor». Esa legión de presidentes de organizaciones fantasmas, de comunicadores con sobres, de activistas que por un puesto o por un reconocimiento venden la dignidad colectiva.
El consulado de Nueva York necesita menos alfombra roja y más ventanillas funcionando. Menos fotos en Instagram y más personal capacitado. Menos discursos y más respuestas.
¿De qué nos sirve un cónsul que se cree presidenciable si una madre soltera tiene que faltar dos días al trabajo, pagar 200 dólares por un pasaporte y esperar tres meses para que le llegue? ¿De qué nos sirve un consulado «remozado» por fuera si por dentro sigue la misma burocracia, la misma opacidad, la misma arrogancia?
Los dominicanos en Nueva York no somos tontos. Sabemos distinguir entre trabajo y bulto. Entre servicio y show. Y ya conocemos el guion: el operativo en El Bronx con bombos y platillos, el discurso de que «somos la capital de la diáspora», el brindis con empresarios amigos, y al día siguiente, la misma fila interminable en la 150 y Park Avenue.
LO QUE SÍ QUEREMOS
No queremos un rey. Queremos un gerente. Un administrador eficiente, transparente y humilde.
Queremos un consulado que funcione como funciona esta ciudad: con horarios extendidos, con citas en línea que realmente funcionen, con costos claros y sin cobros por debajo de la mesa. Queremos un consulado que defienda al dominicano cuando es atropellado por Inmigración, cuando es estafado por un notario, cuando necesita orientación legal real, no un flyer.
Queremos un cónsul que entienda que su jefe no es el presidente de su partido, es la comunidad. Que su trabajo no es preparar su próxima candidatura a senador, a diputado o a lo que sea, sino resolver el hoy. Que entienda que Nueva York no es Mao, ni Santiago, ni un patio trasero donde se puede hacer política a la antigua.
La diáspora dominicana en Nueva York ya maduró. Ya no es aquella comunidad de los 80 que se conformaba con que el cónsul le diera la mano. Es una comunidad que tiene concejales, asambleístas, congresistas, empresarios, profesionales. Una comunidad que vota, que paga impuestos aquí y allá, que exige.
Por eso el modelo del caudillo consular está agotado. Se cayó. No funciona.
El consulado no necesita un rey que reparte favores. Necesita un servidor que garantice derechos. No necesita un patrón. Necesita un empleado del pueblo.
Y si quien está sentado en esa silla no está dispuesto a entender eso, que lo diga claro. Que renuncie a la corona. Porque los dominicanos en Nueva York, que tanto hemos luchado para que nos respeten en este país, no vamos a arrodillarnos frente a nadie en nuestra propia casa.
Ya tuvimos suficientes reyes en nuestra historia. Lo que nos hace falta son servidores.
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