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N. JERSEY: Dominicano murió en prisión duró dos días sin atención

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NUEVA JERSEY.- Melvin Rivas Inoa, residente de El Bronx, murió a los 28 años estando recluido en Northern State Prison en Newark, la ciudad más poblada de Nueva Jersey.

Se suponía que sería liberado en cuestión de semanas tras cumplir dos años y medio de prisión por un cargo relacionado con armas de fuego. Pero la denuncia penal indica que entre el 20 y 22 de enero “la víctima sufrió un traumatismo contundente grave en el cuerpo, la cara y la cabeza”. La paliza fue tan severa que la familia afirma que no les mostraron las fotos completas del cuerpo.

La fiscalía acusó de homicidio al compañero de celda Abdul Bryant, quien se declaró “no culpable”. 

La Fiscalía del condado Essex y el Departamento de Correccionales del estado han iniciado una investigación sobre lo ocurrido.

La muerte no sólo tuvo lugar dentro de una celda que estaba en estado de aislamiento, sino que documentos obtenidos por NBC News muestran que los funcionarios de prisiones no la abrieron durante dos días.

La familia Rivas se siente abrumada por la angustia y la ira. “No tengo vida”, dijo en español la madre de la víctima, afirmando quedó atónita al recibir la llamada sobre la muerte de su hijo a finales de enero.

“Pensábamos que estaba protegido y descubrimos que no”, dijo a su hermana, Leslie Rivas Inoa. “Él le decía a mi mamá: ‘Mami, vuelvo pronto a casa’”.

En una entrevista exclusiva con NBC News, la familia afirmó haber sabido que había sido asesinado en su celda. Estaba confinado en una unidad de vivienda disciplinaria restringida. Les envió un mensaje de texto y temió por su vida. “Dijo que le daba miedo que los oficiales le tendieran una trampa, que no le dieran de comer”, afirmó su hermana. “No puedo creer que alguien pudiera causar tanto daño”.

La denuncia también planteó otras preguntas inquietantes. Indica que Rivas “fue visto con vida por última vez el 20 de enero, aproximadamente a las 7 p.m.” Los investigadores entrevistaron a un testigo en una celda vecina, quien declaró al día siguiente que había escuchado “fuertes golpes y patadas provenientes de la celda 323″; dijo además que escuchó a la víctima pedir ayuda”.

La abogada de la familia Rivas, Brooke Barnett, dijo haber hablado con otro testigo. “Escucharon a mi cliente Melvin gritar pidiendo ayuda, pidiendo que lo salvaran de la muerte”, declaró.

El testigo “afirmó que escuchó la cadena y el uso del lavabo durante toda la noche” y que Bryant le dijo que “agredió a la víctima y posteriormente lo lavó para aparentar que no estaba herido”.

El informe señala que el video de vigilancia muestra que los guardias no abrieron la celda hasta la mañana del 22 de enero, cuando se descubrió a Rivas muerto. “Los agentes en este caso deberían ser acusados ​​sin lugar a dudas”, afirmó Barnett. “Deberían ser puestos en la misma celda en la que metieron a mi cliente y donde murió”.

Un portavoz del Departamento de Correccionales (DOC) declaró que el personal “debe realizar recuentos formales y controles de seguridad durante cada turno”, y que estos controles obligatorios “incluyen la verificación regular de las personas en cada celda para garantizar su seguridad y bienestar”.

Al preguntarle si algún agente había sido disciplinado en relación con este fatal incidente, el DOC se limitó a afirmar que estaba cooperando plenamente con la fiscalía y que toda denuncia de mala conducta del personal se documenta y se investiga rigurosamente.

Peter Jaskulski, experto en prácticas y capacitación penitenciaria, afirmó que hay más de un culpable. “Alguien falló por completo. Es necesario que se realice una revisión exhaustiva, desde arriba hacia abajo”, declaró.

Mientras la familia Rivas sigue de luto, incapaz de asimilar el horror. Su padre dijo estar “destrozado” por la pérdida de su único hijo. “Estoy acabado”, dijo en español.

En noviembre Abdalla Hadian, capellán musulmán empleado por el sistema penitenciario estatal de Nueva York, se disparó fatalmente en Marcy Correctional Facility. Se trata de la misma instalación donde el recluso Robert Brooks fue asesinado a golpes por funcionarios penitenciarios en diciembre de 2024, varios de los los cuales admitieron su culpabilidad. La agresión fue captada por una cámara corporal y dio lugar a cargos contra 10 guardias.

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