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POR FELIX REYES
En un escrito publicado recientemente, en este medio digital, sobre el voto del dominicano en el exterior, la reconocida socióloga Rosario Espinal hizo un señalamiento que me llama la atención porque remite a un tema vinculado a la política norteamericana, sobre el que he estado reflexionando y tenido la intención de escribir.
Se trata de su observación de que la relación de los migrantes dominicanos con el país está “mediada por la nostalgia, no por las urgencias de supervivencia ni por las expectativas de resolver los problemas cotidianos”.
De esta acertada observación, puede colegirse una conclusión que difiere de la narrativa difundida sobre la comunidad dominicana en Estados Unidos, según la cual esta es una extensión de la que reside en el suelo patrio, cuando, en realidad, sus prioridades son diferentes.
A esto se añade que la misma comunidad de dominicanos en Estados Unidos no es uniforme y que, por consiguiente, dentro de ella pueden ser identificados conglomerados con intereses y prioridades diferentes.

En ese tenor, debe distinguirse los migrantes que se encuentran en condición de indocumentados, cuya prioridad remite a la regularización del status migratorio, que le permitiría llevar una vida normal, sin el desasosiego de hoy, para seguir ayudando a sus seres queridos, tener la posibilidad de reunificación familiar y/o de visitarlos por lo menos una vez al año.
Sobra decir lo que la política migratoria de la administración Trump representa para quienes se encuentran en condición migratoria irregular y el nivel de contradicción de sus prioridades con la de una parte de los actores políticos dominicanos “en el patio”, de quienes lo menos que se puede decir es que han sido indiferentes, cuando no que han apoyado abiertamente la política anti-migrante del gobierno republicano.
También, son diferentes las prioridades de quienes nacieron en República Dominicana y hoy tienen estatus legal de residentes o naturalizados, los cuales en su mayoría siguen teniendo vínculos familiares cercanos y/o intereses económicos en el país. Es a este conglomerado al que principalmente se refieren diferentes estudios sobre migrantes en Estados Unidos, que incluyen a los dominicanos entre los más pobres y los que más reciben beneficios sociales (medicaid, ayudas de vivienda y alimentaria, etc.), en comparación con migrantes de otras nacionalidades.
En torno a este punto, es justo tener presente que el alto nivel de pobreza de esta parte de la comunidad dominicana obedece al hecho de que ella, más que cualquier otra comunidad migrante, envía una parte significativa de sus ingresos a sus familiares en el país, por lo que, al tener muy pocas posibilidades de ahorrar, debe procurar reducir los costos de su existencia y recurrir a los programas sociales mencionados; lo cual repercute en que se refuerce el circulo vicioso que les impide salir de la pobreza en Estados Unidos.
Si bien este grupo no resulta afectado directamente por la política migratoria de la actual administración, en cambio, sí es impactada negativamente por los recortes de fondos federales dirigidos al apoyo de los programas sociales, actualmente en curso.
Paradoja
Por otra parte, en una pequeña parte de este grupo se manifiesta la paradoja de que son pobres en Estados Unidos y clase media en República Dominicana, poseyendo algunos de ellos propiedades en el país (apartamentos, negocios, fincas, cuentas bancarias, vehículos de lujo, etc.), debido a que el proyecto vital de ellos ha estado marcado por la esperanza de regresar al país, fenómeno del que habla el sociólogo e historiador Silvio Torres Saillant en su libro “El Retorno de las Yolas”.
Entre estos dos grupos de dominicanos que migraron desde el país (documentados e indocumentados) es que se manifiesta esa nostalgia y ese deseo de retorno, que refiere Rosario Espinal; sentimiento que mueve su relación con el país y que ha sido estudiado a profundidad por diferentes profesionales de las ciencias sociales vinculados al sistema universitario de la ciudad de Nueva York, entre ellos, el mismo Silvio Torres Saillant y Ramona Hernández.
Un tercer conglomerado de dominicanos en Estados Unidos es el conformado por aquellos que nacieron en ese país, quienes fueron a sus escuelas y, en efecto, enfrentan menos barreras culturales, sociales y políticas para su integración. Entre estos no está presente la nostalgia de un país que apenas conocen; por lo que en el proyecto vital de ellos no se contempla retorno; siendo sus intereses diferentes no solo de los dominicanos que viven en el país, sino incluso de las prioridades de sus padres.
Es acerca de los intereses de este grupo de dominicanos que me propongo escribir en una segunda entrega.
jpm-am
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