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La semana geriátrica del merengue

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El reciente encuentro celebrado el pasado miércoles 20 entre el presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, y un importante grupo de artistas y merengueros dominicanos, dejó inmediatamente un resultado concreto: el anuncio del rescate del antiguo Teatro Agua y Luz, una infraestructura emblemática que durante años ha permanecido clausurada, apagada y prácticamente convertida en un símbolo del abandono cultural.

La propuesta presentada al mandatario giró alrededor de la necesidad de crear y rehabilitar escenarios para la promoción del merengue, ritmo patrimonial de la nación dominicana y uno de los principales elementos de identidad cultural del país. Sin embargo, detrás de esa narrativa romántica y nostálgica, surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿se está promoviendo realmente el futuro del merengue o solamente prolongando artificialmente el pasado?

El problema no radica en reconocer la trayectoria histórica de los grandes exponentes del merengue. Muchos de ellos son leyendas vivientes y merecen respeto, admiración y respaldo institucional. El verdadero problema aparece cuando el ecosistema musical se convierte en un círculo cerrado donde los mismos actores permanecen monopolizando los espacios, los escenarios, las inversiones y las oportunidades, mientras nuevas generaciones permanecen invisibles.

Hoy gran parte del liderazgo visible del merengue se encuentra en edades que oscilan entre los 60 y 70 años. Es una realidad biológica imposible de ignorar. Dentro de algunos años, los fanáticos podrían terminar llevando más pañales desechables, antiinflamatorios y muletas que flores o pancartas a las presentaciones de muchos de esos artistas históricos. La frase puede parecer dura, pero refleja una verdad estructural: el merengue dominicano envejece sin relevo.

Mientras otros géneros musicales internacionales se reinventan constantemente mediante nuevos sonidos, nuevos productores, nuevas fusiones y jóvenes intérpretes, el merengue parece atrapado en una resistencia permanente al cambio. Muchos de sus protagonistas se resisten a ceder espacios a jóvenes intérpretes y, peor aún, a nuevos arreglistas capaces de aportar sonoridades contemporáneas, ritmos híbridos y propuestas musicales conectadas con las nuevas generaciones digitales.

No basta con rescatar edificios. También hay que rescatar el futuro.

Por eso quien firma este artículo propone al Poder Ejecutivo la creación del IDT — Instituto Dominicano de Talentos, una estructura nacional orientada exclusivamente a descubrir, formar, financiar y proyectar nuevos valores del merengue y la bachata.

El IDT no debe limitarse a enseñar música. Debe convertirse en una academia integral donde jóvenes talentos reciban formación en música y armonía, canto y técnica vocal, arte escénico, imagen pública, marketing digital, manejo de redes sociales, producción audiovisual, ingeniería de sonido, dirección artística e industria musical.

La propuesta también contempla un esquema moderno de financiamiento cultural bajo supervisión de un patronato especializado y transparente.

El modelo podría incluir:

• RD$25 millones para cinco nuevos proyectos de merengue.

• RD$25 millones para cinco nuevos proyectos de bachata.

• RD$50 millones para gastos operativos y funcionamiento del Instituto.

Pero esos recursos no serían entregados directamente a los artistas. Los fondos deberían ser administrados por equipos técnicos especializados en promoción, marketing, ventas, posicionamiento digital y desarrollo artístico, garantizando así que el dinero público genere verdaderas carreras musicales sostenibles y no simples entregas clientelistas disfrazadas de apoyo cultural.

Resultó interesante observar que apenas un día después del encuentro con los merengueros, el presidente anunció lo que sería la “Semana del Merengue”. Sin embargo, surge nuevamente la interrogante de fondo: ¿qué ocurrirá cuando esa semana dependa exclusivamente de artistas envejecidos sin relevo generacional?

Si el país no comienza ahora mismo a invertir en nuevos talentos, nuevos arreglistas y nuevos intérpretes, podría llegar el momento en que las ambulancias y unidades de emergencias médicas no sean necesarias para asistir al público de los conciertos, sino para asistir a los propios artistas participantes debido a sus avanzadas edades.

El merengue no necesita únicamente homenajes.

Necesita sucesión.

Necesita juventud.

Necesita renovación.

Y sobre todo, necesita dejar de vivir exclusivamente de la nostalgia para comenzar a construir futuro.

jpm-am

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