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Politica

La neuro política y la apatía electoral en RD (OPINION)

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Por JAIRO DE JESUS ESPINO 

Durante décadas, la ciencia política asumió que los ciudadanos tomaban decisiones electorales principalmente a partir de un análisis racional de programas de gobierno, propuestas y resultados de gestión. Sin embargo, los avances en neurociencia y psicología política han demostrado que las emociones tienen una influencia decisiva en la conducta política.

Esta corriente de estudio, conocida como neuropolítica, ofrece una explicación útil para comprender un fenómeno cada vez más evidente en la República Dominicana: el crecimiento de la apatía política y el desencanto ciudadano con los partidos tradicionales.

Las más recientes encuestas de opinión pública reflejan una realidad que merece atención. La encuesta Gallup–Diario Libre de mayo de 2026 encontró que el 23.5 % de los ciudadanos no simpatiza con ninguna organización política. Por su parte, la Encuesta Nacional de Opinión Pública de ACD Media reveló que el 55 % de los dominicanos no se identifica con ningún partido político y que los niveles de desconfianza hacia las principales organizaciones superan los niveles de confianza.

Desde la perspectiva de la neuropolítica, estos resultados no representan únicamente una preferencia electoral. Constituyen una manifestación emocional colectiva. Cuando una sociedad acumula experiencias de frustración, promesas incumplidas, escándalos de corrupción, percepciones de impunidad y problemas sociales persistentes, desarrolla asociaciones negativas con la actividad política.

Como consecuencia, muchos ciudadanos dejan de identificarse con partidos y líderes porque la política deja de inspirar esperanza y comienza a generar cansancio, desconfianza e indiferencia.

Por tanto, las encuestas sugieren que no estamos necesariamente ante una ciudadanía desinformada, sino ante una ciudadanía emocionalmente distante de la política.

Los datos también indican el ascenso del votante independiente. Ninguna organización política parece concentrar por sí sola un respaldo suficiente para dominar el escenario electoral, mientras aumenta el número de ciudadanos que permanecen fuera de las estructuras partidarias tradicionales.

Esto significa que los partidos ya no compiten únicamente entre sí; también compiten contra un adversario silencioso, pero cada vez más influyente: el desencanto ciudadano.

La neuropolítica explica que, cuando disminuyen los vínculos emocionales entre los ciudadanos y las organizaciones políticas, los votantes se vuelven más independientes, menos leales y más propensos a modificar sus preferencias de una elección a otra. En este contexto, la credibilidad de los líderes, la confianza que generan y la percepción de resultados concretos adquieren mayor relevancia que las identidades partidarias históricas.

Esta situación plantea riesgos para la democracia. Los sistemas democráticos se fortalecen cuando los ciudadanos creen que su participación puede producir cambios reales. Cuando ocurre lo contrario, aumentan la abstención, la indiferencia política y la desmovilización social.

Aunque el crecimiento del segmento que no se identifica con ningún partido puede interpretarse como una muestra de mayor independencia crítica, también puede reflejar un debilitamiento de los mecanismos tradicionales de representación política.

Desafío

El principal desafío para los partidos dominicanos no consiste únicamente en diseñar mejores campañas electorales o presentar nuevos candidatos. El reto fundamental es reconstruir la confianza emocional de la ciudadanía. Para lograrlo, será necesario demostrar coherencia, transparencia, capacidad de respuesta y cercanía con las preocupaciones reales de la población, tales como la seguridad ciudadana, el costo de la canasta básica, los apagones eléctricos, la calidad de los servicios de salud, el desempleo y el manejo del gasto y la deuda pública.

Las encuestas parecen enviar un mensaje inequívoco: el crecimiento del segmento que responde “ninguno” no es simplemente una categoría estadística. Es la expresión de una ciudadanía que exige nuevas formas de hacer política y que cada vez se siente menos representada por las estructuras tradicionales.

La neuropolítica nos recuerda que las sociedades no se movilizan únicamente por ideas, sino también por emociones. Cuando predominan la confianza, la esperanza y el sentido de pertenencia, aumenta la participación democrática. Cuando prevalecen la frustración y el desencanto, crecen la apatía y el distanciamiento ciudadano.

En la República Dominicana, las mediciones recientes sugieren que el actor político con mayor crecimiento no es necesariamente el PRM, la Fuerza del Pueblo o el PLD, sino un amplio segmento de ciudadanos que afirma no sentirse representado por ninguno.

Esa realidad debería convertirse en motivo de reflexión profunda para todo el sistema político nacional de cara a las elecciones de 2028.

jpm-am

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