Los daños causados por los aguaceros registrados a lo largo de las dos primeras semanas de abril del año en curso y los posibles desastres que se registren en lo que resta de esta temporada de fenómenos imprevisibles, lejos de lo que juzgan los jueces sociales con visión parcializada o matizada por el interés proselitista, tienen causales que deben ser entendidas.
Descuido hay, es innegable e imposible ignorar, pero es mayor por la falta de precaución de las autoridades nacionales y locales, en cada caso, para corregir el desorden que se traga los pueblos y ciudades con el caos que se registra con la venta callejera y la falta de control en los bosques del país, depredados inmisericordemente ante la indiferencia de Medio Ambiente.
Desde que brilla el sol hasta que oscurece en el ocaso, vendedores en bicicletas, triciclos, en camionetas y camiones cargados de rubros agrícolas por esas calles de Dios, cuyos desperdicios van directo a los drenajes, imbornales, ríos, cañadas y arroyos, provocando congestionamientos en los desagües que causan inundaciones y otros daños.

Los alcaldes, directores municipales, la Liga Municipal como ente regulador, el ciego y sordo Ministerio de Medio Ambiente y otras instituciones comprometidas con el ornato, la construcción descontrolada, la arrabalización de un país con vocación turística, deben reflexionar sobre la deficiencia de su trabajo y darse tres golpes en el pecho, para pedir perdón a tanta gente, cuyo descuido daña, muchas veces hasta la ruina.
No es culpa del INDOMET ni del COE, ni la falta de diagnóstico certero, es la inconsciencia que transita como rayo destructor por las calles, callejones y avenidas de esta media isla que causa envidia y rencor, por haber sido bendecida por Dios.
Bagazos de caña, desperdicios de coco, los desechos de las cargas, el cierre de las vías de acceso a tiendas, edificios y sectores, en nombre de un creciente y desordenado sector informal y la deficiente construcción acelerada de torres y edificios, cuyos desperdicios corren igual suerte, nos llevarán al colapso social, si no comenzamos a ver con ojos de conciencia.
La imprudencia ciudadana, la falta de vigilancia oficial y de compromiso social, nos conducen sin regreso a un futuro incierto, para el cual no tendrá relevancia el crecimiento económico ni posicionamiento ante el mundo. Abramos los ojos.
jpm-am
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