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La edad y las crisis biológicas (OPINION)
Esas indicaciones someras sobre el problema de la herencia, y sobre los procesos degenerativos y patológicos, que pueden ser considerados como factores y patológicos, que pueden ser sondeados como factores de la criminalidad, deben ser seguidos de una corta descripción de las otras condiciones, siempre de carácter psicológico que, según el parecer de los especialistas, son igualmente muy importantes desde el punto de vista de los diferentes actividades criminales.
Ciertas condiciones, están ligadas a períodos particulares de desarrollo del hombre que pueden dar lugar a perturbaciones y a variaciones de carácter que, en ciertos casos, favorecen el desarrollo de anomalías de la conducta, así como hasta de actividades criminales. Entre estas, recordemos la edad. Aunque diferentes, en efecto, son las características que se descubre en la criminalidad de los jóvenes y en la de las personas mayores, como resultado de sus diferentes condiciones orgánicas y psíquicas, asi como del ambiente, en los cuales ellos viven.,
La criminalidad de los jóvenes está más particularmente ligada al fenómeno de la pubertad. Se afirma que la época de la pubertad, que representa el periodo más interesante y la más delicada del crecimiento tanto en el hombre como en la mujer, puede, en ciertos casos, determinar destilaciones de desarrollo físico, psíquico y moral, a menudo ligado a alteraciones de los órganos sexuales y al desarrollo de los caracteres seglares secundarios.
Este periodo de la pubertad representa la edad más predispuesta al desequilibrio de los órganos endocrinos reguladores del desarrollo individual, y al desarrollo de las alteraciones del ritmo evolutivo, acompañado de hiper evoluciones o hipo evoluciones, de hiperplasias o hagiografías, funcionales.
De donde el origen de conductas irregulares debidas a anomalías instintivas afectivas, a agitaciones psicomotrices, a inestabilidad de humor, a exuberancias eróticas, así como a una débil capacidad de inhibición, en parte psicológica, que favorece la extrínseca ción.
En ciertos casos, esas crisis puberales pueden concurrir al desarrollo de actividades antisociales y a veces hasta criminales, sobre todo cuando el individuo es colocado bajo la influencia de condiciones ambientales favorables al crimen en general.
Sin embargo, en basándonos sobre nuestra y larga y vasta experiencia, estamos sólidamente convencidos que hasta lo desequilibrados ligados al fenómeno de la pubertad tienden a tomar una orientación netamente criminal, sobre todo cuando la personalidad fundamental originaria le ofrece una estructura favorable, gracias a la existencia de una diátesis criminal mas o menos neta.
Asimismo, la otra gran crisis biológica ligada a la vejez, sobre todo cuando ella no es completamente fisiológica, puede descubrir perturbaciones más o menos graves del carácter individual transformando así anomalías de la conducta en actividades antisociales y hasta criminales.
Eso puede ser constatado más particularmente todas las veces que el proceso involutivo de la vejez golpea los órganos donde se sientan los más importantes fenómenos psíquicos y provoca perturbaciones de la afectividad y de la voluntad, determinando así tendencias egoístas y antisociales mas o menos acentuadas, cuya exteriorización es facilitada por una limitación contemporánea de la capacidad de inhibición.
Esto es, todas las veces que la vejez, por diferentes razones, sigue un curso netamente anormal-degenerativo o hasta patológico. Creemos poder precisar a este respecto que la vejez también puede transformarse en factor ocasional de criminalidad, sobre todo cuando coexisten o preexisten en el individuo signos constitucionales particulares de degeneración.
Otra condición biológica, que puede revestir una importancia particular en las relaciones del desarrollo de la criminalidad, es la ligada al sexo y a los periodos particulares en las relaciones del desarrollo de la criminalidad, es la ligada al sexo y a los periodos particulares de la vida sexual de la mujer.
Si se considera las diversidades fisiológicas y psíquicas existentes entre los dos sexos, la diversidad de las tachas que la vida asigna y la diferente manera de vivir, se termina por encontrar natural que la criminalidad siga, en esos temas, en el curso cuantitativo y cuantitativo diferentes. Se sabe que el número de crímenes cometidos por la mujer es siempre inferior al cometido por los hombres.
Se debe sin embargo constatar desde el presente que, según las afirmaciones de Lombroso y de sus alumnos, la actividad antisocial y criminal en la mujer, encuentra su equivalente importante en el fenómeno de la prostitución. Recordemos en fin que el contenido de vida, diferente en la mujer, contribuye enormemente a alejarlo del crimen.
En efecto, inclinada a vivir una existencia más orientada a la familia, la mujer está más alejada de la posibilidad de cometer un delito; tiene más oportunidades de escapar de los rigores de la ley porque tiende a desarrollar sus anomalías morales principalmente dentro de la vida familiar íntima.
Esto dicho, se debe reconocer que la criminalidad femenina puede también ser influenciada por las vicisitudes fisiológicas que son, más que de otros, ligadas al sexo y más especialmente a los fenómenos de la maternidad, del embarazo, menstruaciones y climaterio.
Todas las especialidades que se han ocupado de la Criminalis en la mujer han siempre puesto en evidencia la importancia que reviste en esta la alteración del instinto sexual y materno en la Génesis de un gran número de formas de criminalidad, que ellas sean de naturalezas ocasional, pasional, constitucional o patológico.
Eso se comprende tanto más fácilmente cuando se piensa a la importancia que puede revestir esta alteración en las variaciones de las funciones psíquicas y poi consiguiente, en la conducta de la mujer, o en las variaciones de los fenómenos que se ligan a la maternidad.
Pellegrini afirma sobre este tema que embarazo parto, pañales amamantamiento representan la causa de una serie de perturbaciones somáticas y el estado de surmenaje que se repercuten más o menos gravemente sobre el estado mental, de donde, en ciertos casos, su importancia médico-legal, sobre todo en lo que concierne el aborto y el infanticidio.
JPM
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