Opinion
La Cruz de Manzanillo: oportunidad para la educación y el desarrollo real
Por Edgar Álvarez
El proyecto La Cruz de Manzanillo ha sido, por décadas, uno de los ejemplos más claros de cómo una iniciativa concebida con buenas intenciones puede convertirse en un barril sin fondo para el Estado dominicano. Gobiernos tras gobiernos han invertido cientos de millones de pesos en esta infraestructura, sin que hasta la fecha se traduzca en beneficios concretos ni sostenibles para la población ni para las finanzas públicas.
Frente a esta realidad, es momento de tomar una decisión responsable, visionaria y verdaderamente transformadora. Por ello, hacemos un llamado respetuoso pero firme al presidente de la República, Luis Abinader, para que disponga la entrega del proyecto La Cruz de Manzanillo al Instituto Politécnico (próximamente Universidad) San Ignacio de Loyola de Dajabón, una institución con vocación académica, técnica y de servicio al desarrollo regional.
La educación superior y técnica es, sin lugar a dudas, una de las herramientas más eficaces para romper el círculo del atraso económico, la migración forzada y la dependencia estatal en la Línea Noroeste. Convertir La Cruz de Manzanillo en un centro de formación académica, investigación y producción ligada al conocimiento permitiría darle un uso productivo, transparente y socialmente rentable a una infraestructura que hoy representa más pérdidas que beneficios.
Desde esta posición, rechazamos categóricamente la privatización total del proyecto, ya que ello implicaría transferir a intereses particulares un bien construido con recursos públicos, sin garantías de que sus beneficios lleguen a la población. Asimismo, nos oponemos a la propuesta de repartir los terrenos entre ciudadanos de la zona, una medida que, aunque pueda parecer atractiva en el corto plazo, carece de planificación y condenaría el proyecto a la fragmentación y al fracaso definitivo.
La Cruz de Manzanillo necesita una visión de largo plazo, no soluciones improvisadas. Poner este proyecto en manos de una institución educativa sólida permitiría formar profesionales, generar empleos, impulsar la investigación agrícola, industrial y tecnológica, y convertir un símbolo de desperdicio estatal en un referente de desarrollo humano y regional.
Señor Presidente, el país no necesita más elefantes blancos. Necesita decisiones valientes que conviertan el gasto improductivo en inversión social. Entregar La Cruz de Manzanillo al Instituto Politécnico San Ignacio de Loyola de Dajabón sería un paso histórico en esa dirección.
jpm-am
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