Economicas
¿Está RD preparada para una crisis económica mundial? (OPINION)
La vicepresidenta Raquel Peña afirmó recientemente, con visible optimismo, que la República Dominicana está preparada para enfrentar las consecuencias económicas que podría generar la actual guerra en el Medio Oriente, especialmente si se produce una escalada en los precios del petróleo y del Gas Licuado de Petróleo (GLP).
En principio, llevar un mensaje de tranquilidad a la población siempre es positivo. En momentos de incertidumbre global, los gobiernos suelen intentar transmitir confianza.
Sin embargo, cuando se revisan con detenimiento las cifras y las condiciones reales de la economía dominicana, surgen algunas preguntas inevitables: ¿estamos realmente preparados para una crisis prolongada en los mercados energéticos? ¿O estamos confiando en que el conflicto terminará antes de que sus efectos se sientan con mayor fuerza?
Desde el año 2022, el gobierno del presidente Luis Abinader mantiene un programa de subsidios para evitar que los aumentos internacionales del petróleo se transfieran directamente a los consumidores dominicanos. Esta política comenzó en el contexto de la crisis generada por la pandemia y posteriormente por la guerra entre Rusia y Ucrania.
El objetivo ha sido claro: evitar que el aumento de los combustibles dispare la inflación y termine encareciendo el costo de vida en el país. Pero ese esfuerzo tiene un costo fiscal considerable.
Solo en 2022, el Estado dominicano destinó cerca de RD$85,000 millones para subsidiar los combustibles. En 2023, el monto rondó los RD$70,000 millones, mientras que en 2024 se estima que el subsidio superó los RD$60,000 millones.
Para 2025, el Presupuesto General de la Nación mantiene una partida aproximada de RD$30,000 millones a RD$35,000 millones para continuar con esa política de estabilización de precios. Es decir, en apenas tres años el país ha invertido más de RD$200,000 millones tratando de amortiguar el impacto del petróleo en la economía doméstica.
La pregunta es simple: ¿podría el Estado sostener ese nivel de subsidios si el conflicto en el Medio Oriente se prolonga y los precios del petróleo se mantienen elevados durante varios meses?
Ahí es donde el optimismo oficial comienza a chocar con la realidad económica.
El problema no es solo el precio del petróleo. Una guerra prolongada en esa región podría generar efectos colaterales que afectarían directamente a la economía dominicana.
El primero de ellos sería el impacto sobre Estados Unidos, principal socio comercial del país. La economía dominicana depende en gran medida del dinamismo de la economía estadounidense, tanto por las exportaciones como por el flujo de remesas.
En 2025, las remesas enviadas a la República Dominicana alcanzaron US$11,866 millones, una cifra récord que representó un crecimiento de alrededor de 10.3 % respecto al año anterior, consolidándose como una de las principales fuentes de divisas del país y un soporte fundamental para el consumo interno. Pero si la economía estadounidense se desacelera como consecuencia de una crisis energética global, ese flujo podría disminuir..
Otro sector vulnerable sería el turismo.
La República Dominicana ha vivido en los últimos años un crecimiento extraordinario en la llegada de visitantes. En 2025 el país recibió 11,676,901 visitantes entre turistas y cruceristas, la cifra más alta registrada en la historia del turismo dominicano, consolidándose como uno de los destinos más dinámicos y competitivos del Caribe
Sin embargo, una crisis económica internacional o el encarecimiento del transporte aéreo —muy vinculado al precio del combustible— podría afectar el flujo de visitantes.
Si se combinan estos factores —petróleo caro, menor turismo y reducción de remesas— el escenario económico para el país podría volverse mucho más complejo.
En ese contexto, la gran interrogante es qué plan tiene el país para enfrentar una situación prolongada.
Hasta el momento, no se ha presentado públicamente ningún plan de contingencia económico para enfrentar un posible choque energético global. Y eso llama la atención, sobre todo en una administración que ha sido bastante activa al anunciar estrategias y medidas ante distintos escenarios.
La impresión que queda es que el gobierno apuesta a que el conflicto internacional no se prolongará demasiado.
Quizás se confía en que las tensiones bajarán en los próximos meses o en que los mercados energéticos lograrán estabilizarse. Pero gobernar también implica prepararse para los escenarios menos favorables.
Porque si el petróleo se mantiene alto por largo tiempo, trasladar los aumentos directamente a los consumidores sería políticamente costoso y económicamente delicado. El impacto inflacionario sería inmediato.
Y más aún en un contexto político que ya comienza a mirar hacia el ciclo electoral de 2026, cuando los partidos empezarán a definir candidaturas presidenciales.
jpm-am
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