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El negocio no es que vuelvan, es que sigan mandando (OPINION)
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Nadie lo dice en voz alta en los ministerios, pero se ejecuta todos los días. El plan nacional no es el retorno. El plan es la remesa. Porque el negocio no es que vuelvan, es que sigan mandando.
US$11,000 millones al año. Más de RD$650,000 millones. Eso es el 25% del Presupuesto Nacional entrando sin discusión en el Congreso, sin licitación, sin corrupción directa. Llega al colmado, a la farmacia, a la universidad, al dealer. Mantiene la tasa de cambio, mueve el consumo, paga la luz aunque sea cara. Si mañana la diáspora deja de mandar, el país se cae. El Gobierno lo sabe. Por eso el retorno real nunca ha sido prioridad.
VOLVER ES MALO PARA EL NEGOCIO
Un dominicano en Boston manda US$350 al mes. Son US$4,200 al año que entran limpios a la economía. Si ese mismo dominicano vuelve, no solo deja de mandar: empieza a demandar. Demanda empleo, demanda salud, demanda colegio, demanda seguridad, demanda justicia. Se vuelve un costo. Allá es ingreso. Aquí es gasto. El cálculo es frío, pero es real. Por eso se inauguran consulados, no industrias.

El Estado es el primer promotor de la emigración. Lo hace sin decirlo. ¿Qué joven ve futuro aquí cuando el primer empleo paga RD$22,000 y el alquiler cuesta RD$25,000? ¿Qué madre se queda tranquila cuando el hospital público es una rifa? ¿Qué profesional apuesta a República Dominicana cuando ve a su amigo en España ganando 4 veces más por el mismo trabajo? El Estado no cierra la puerta: la abre. Facilita pasaportes, agiliza apostillas, firma acuerdos de migración temporal. Porque cada persona que se va es una remesa potencial. Y cada remesa es un problema social menos que resolver.
La diáspora es un cajero sin quejas. El que se fue manda y no vota. Manda y no protesta. Manda y no tranca calles. Es el ciudadano perfecto: financia el país sin exigirle. Por eso se le da un “Día del Dominicano en el Exterior”, se le pone música típica en julio, se le cobra US$10 en el aeropuerto. Pero no se le garantiza voto real, ni seguridad para invertir, ni hospital si vuelve enfermo. Porque si vuelve, se acaba el negocio.
VENDIMOS EL FUTURO A PLAZOS
Cambiamos cerebros por Western Union. Cambiamos ingenieros por transferencias. Cambiamos juventud por estabilidad cambiaria. Y funcionó por 40 años. El problema es que el negocio tiene fecha de vencimiento. La primera generación manda el 12% de su sueldo. La segunda manda el 4%. La tercera manda un “feliz navidad” por Instagram. Cuando el vínculo se rompa, no habrá plan B, porque nunca creamos una economía que viva de producir, solo una que vive de recibir.
Si el negocio es que sigan mandando, estamos fritos. Porque nadie manda toda la vida a un país que no visita, que no conoce y que no le duele. República Dominicana tiene que decidir: o construye un país al que su gente quiera volver, o se resigna a ser un país que depende de los que se fueron.
Mientras tanto, la política es clara aunque no se escriba: becas para que se vayan, consulados para que no vuelvan, y campaña en diciembre para que manden más.
Porque aquí el negocio no es que vuelvan. Es que sigan mandando. Y cuando ya no manden, que Dios nos agarre confesados.
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