Connect with us

Opinion

El momento oportuno para el debate magisterial

Published

on

Escuchar artículo

Por FRANCISCO ORTEGA

Las vacaciones escolares han llegado. Para los estudiantes representan un merecido descanso; para los docentes, una oportunidad invaluable para reflexionar, capacitarse y fortalecer su organización gremial. Si existe un momento idóneo para celebrar congresos, asambleas, seminarios y encuentros nacionales, es precisamente este.

Nadie discute el derecho del magisterio a reunirse, debatir sus reivindicaciones o reclamar mejores condiciones laborales. Todo lo contrario. Un maestro preparado, respetado y dignamente remunerado es garantía de una mejor educación. Pero ese derecho debe ejercerse sin afectar otro que es igualmente sagrado: el derecho de los estudiantes a recibir clases.

Durante años, la sociedad dominicana ha sido testigo de una práctica que merece ser revisada con seriedad. Se convocan congresos, asambleas y actividades gremiales en pleno calendario escolar, provocando la suspensión de clases en cientos de centros educativos del país. Lo más preocupante es que, en muchas ocasiones, la interrupción no se limita al día de la actividad. Las aulas quedan vacías desde un jueves o un viernes, convirtiendo un evento gremial en varios días perdidos para miles de estudiantes.

Eso no puede seguir viéndose como algo normal. Cada día de docencia que se pierde es un día menos de aprendizaje. Son horas de matemáticas que no se recuperan, clases de lectura que quedan pendientes, proyectos que se retrasan y evaluaciones que deben improvisarse para cumplir con el calendario. Decir después que esos contenidos serán recuperados rara vez refleja la realidad de lo que ocurre en las aulas.
Resulta difícil justificar que quienes tienen la noble misión de enseñar sean, al mismo tiempo, protagonistas de interrupciones que afectan precisamente a quienes más necesitan de la escuela. Los estudiantes no pueden convertirse en la variable de ajuste cada vez que el gremio decide reunirse.

Las vacaciones ofrecen el escenario perfecto para celebrar congresos, elegir directivas, analizar los desafíos del sistema educativo, capacitarse y definir estrategias de lucha. Nadie perdería su derecho a participar y, sobre todo, ningún niño o joven vería afectado
el suyo a aprender.
La fortaleza de un gremio no se demuestra por la cantidad de días que logra paralizar las aulas, sino por su capacidad de defender sus derechos sin perjudicar a quienes  representa y sirve. Ese sería un mensaje poderoso para toda la sociedad.

Una educación fuerte comienza con maestros valorados, pero también con un calendario escolar respetado. Defender la dignidad del docente y proteger el derecho de los estudiantes a recibir clases no son objetivos opuestos; son responsabilidades inseparables. Cuando una se impone sobre la otra, pierde la educación. Cuando ambas caminan juntas, gana el país.

Compártelo en tus redes:

ALMOMENTO.NET publica los artículos de opinión sin hacerles correcciones de redacción. Se reserva el derecho de rechazar los que estén mal redactados, con errores de sintaxis o faltas ortográficas.

Copyright © 2026 Jacqueline Lamarche