Connect with us

Nacionales

Padre, Perdónalos: La Suprema Revelación del Amor en la Cruz.

Published

on

Por: Leonor Tejada Pérez

La escena es estremecedora. Es viernes, y mientras el mundo judío se prepara para la Pascua, en el Gólgota se consuma el aparente triunfo de las tinieblas. Allí pende el Señor Jesús, reducido a un «guiñapo humano» por la saña de una turba ciega. Bajo el manto de la oscuridad, el odio y el miedo aguardan el desenlace final del Varón de Dolores.

Sin embargo, en el momento de mayor agonía, ocurre lo impensable.
Desde un rostro maquillado por su propia sangre y un corazón que palpita al ritmo del Padre, emana una potencia que atraviesa los siglos: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

El Triunfo sobre el Odio
Esta oración es la primera palabra de Jesús en la cruz, un grito que derrumba los pilares del rencor. Perdonar es el acto más noble de un corazón que ama. En ese instante, Cristo no solo carga con el pecado del mundo, sino que justifica ante el Padre a la humanidad caída. Su humildad hace tambalear las compuertas del reino de las tinieblas y hace tangible el amor divino para el hombre.

¿A quiénes perdonaba Jesús? En ese «no saber» estaban todos:

Los verdugos, que solo cumplían órdenes.

Los autores intelectuales, cerrados a la verdad.

Las masas, arrastradas por el sensacionalismo.

Los amigos, perdidos en el miedo y la confusión.

Nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, envueltos en el individualismo y la doble moral.

Un Perdón que se Actualiza hoy
El grito de Cristo no se quedó en el Calvario; resuena hoy con una urgencia desgarradora. Jesús sigue orando por un mundo oprimido:

Grita por las poblaciones crucificadas por la guerra.

Reza por los inocentes a quienes se les niega la vida en el vientre materno.

Clama frente al narcotráfico que congela la capacidad de soñar de nuestra juventud.

Susurra desde el rostro de los ancianos y marginados, desechados por una sociedad de consumo que solo valora lo que produce.

Incluso la naturaleza gime en ese grito. Jesús pide perdón por los ríos secos, las montañas depredadas y la creación herida por la ambición humana.

El Despertar de la Conciencia
Hacia el final de su reflexión, la autora nos invita a mirarnos en el espejo de la Cruz. A menudo, nosotros —sus seguidores— sí sabemos lo que hacemos, pero permitimos que nuestra conciencia se duerma en la tibieza y el confort.

Sin embargo, la esperanza permanece intacta. El sacrificio de Cristo no fue inútil. Al contemplar sus heridas, entendemos que de ellas emana el bálsamo de la misericordia. El perdón es el recurso más poderoso del amor; es la luz que disipa las tinieblas del mundo y nos permite, finalmente, aprender a perdonarnos a nosotros mismos para caminar hacia la santidad.

Padre, perdónalos… porque en ese perdón, y solo en él, encontramos nuestra verdadera libertad.

Sobre la autora: Leonor Tejada Pérez es psicóloga y escritora, dedicada a explorar las profundidades del alma humana y la espiritualidad cristiana a través de la palabra.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2026 Jacqueline Lamarche