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POR FRANCISCO BATISTA
El próximo 16 de agosto el presidente Luis Abinader realizará su rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional, una fecha que tradicionalmente también genera expectativas sobre ajustes, cambios y nuevas orientaciones dentro del tren gubernamental.
Pero este 16 de agosto ocurre en un momento particularmente interesante. Apenas días antes, República Dominicana celebró el Primer Foro Nacional para el Pleno Desarrollo – Meta RD 2036, donde economistas de la talla de Andrés Velasco y Federico Sturzenegger colocaron sobre la mesa reflexiones que deberían trascender el foro y comenzar a convertirse en decisiones.
La gran pregunta es: ¿qué tan dispuestos estamos a transformar hoy aquello que puede impedirnos alcanzar el país que aspiramos tener en 2036?
Andrés Velasco advirtió sobre la denominada “trampa del ingreso medio”: países que logran crecer exitosamente durante décadas, pero cuya velocidad de desarrollo disminuye cuando las ventajas que inicialmente impulsaron su crecimiento dejan de ser suficientes.
República Dominicana ha demostrado una extraordinaria capacidad para crecer. Sin embargo, alcanzar el siguiente nivel requerirá mucho más que continuar haciendo bien lo que ya hacemos. Exigirá aumentar productividad, desarrollar capital humano, incorporar tecnología, mejorar nuestras instituciones y crear condiciones para que empresas y trabajadores produzcan cada vez mayor valor.
Federico Sturzenegger complementó esta visión desde otra perspectiva: el Estado también debe revisar cuánto le cuesta al país el propio Estado.
Su planteamiento sobre libertad económica y regulaciones debería motivarnos a realizar un ejercicio profundo: revisar institución por institución, regulación por regulación y trámite por trámite para determinar cuáles realmente protegen el interés general y cuáles permanecen simplemente porque durante décadas “siempre se ha hecho así”.
Cada permiso innecesario, cada duplicidad institucional, cada información que diferentes organismos públicos vuelven a solicitar al ciudadano o a las empresas, cada inversión detenida por procedimientos que podrían simplificarse y cada regulación obsoleta constituyen un impuesto invisible sobre la productividad nacional.
Pero esta discusión debe llegar todavía más lejos.
Cada peso que el Estado recauda debería poder justificar por qué genera mayor valor administrado públicamente que permaneciendo en manos del ciudadano o de la empresa que lo produjo.
No se trata de debilitar al Estado. Necesitamos un Estado fuerte en educación, salud, seguridad, justicia, infraestructura y protección social. Pero fortaleza estatal no debería confundirse con tamaño, burocracia o capacidad de intervención. Un Estado es verdaderamente fuerte cuando es eficiente.
Del diagnóstico a la acción

Ahí encuentro la gran oportunidad de este próximo 16 de agosto.
Si aspiramos seriamente a duplicar el PIB real hacia 2036, crear alrededor de 1.7 millones de empleos y elevar sustancialmente nuestra productividad, diez años no es tanto tiempo como parece.
Por eso Meta RD 2036 no debería comenzar en 2030 ni esperar al próximo ciclo político. Debe comenzar ahora.
El Poder Ejecutivo tiene la oportunidad de convertir las conclusiones de este primer foro en una revisión profunda de la estructura gubernamental: identificar duplicidades, fusionar donde sea necesario, eliminar trámites y regulaciones que no agreguen valor, digitalizar procesos, reducir espacios de discrecionalidad, evaluar el gasto público y establecer indicadores que permitan medir cuánto aporta cada institución al desarrollo nacional.
Y quizás haya que tomar decisiones difíciles.
Porque toda reforma verdadera toca intereses. Eliminar estructuras innecesarias, privilegios, subsidios injustificados o regulaciones que benefician sectores particulares puede tener costos políticos.
La pregunta entonces deja de ser económica y pasa a ser política:
¿Estamos dispuestos a asumir hoy el costo de las transformaciones necesarias para recoger sus frutos en 2036?
Un plan de nación
Meta RD 2036 tampoco puede convertirse en el proyecto de un gobierno o de un partido.
Necesitamos que Gobierno, oposición, empresarios, trabajadores, academia y sociedad civil podamos acordar determinados objetivos nacionales que sobrevivan los procesos electorales.
Podemos debatir intensamente cómo alcanzarlos, pero deberíamos dejar de utilizar como instrumento de descrédito político aquellas reformas que sabemos necesarias simplemente porque fueron propuestas por el contrario.
Cero populismo en las decisiones fundamentales para nuestro futuro.
El 16 de agosto podría representar entonces mucho más que una rendición de cuentas o eventuales cambios de funcionarios.
Podría ser una oportunidad para comenzar a conectar el Gobierno que administramos hoy con el país que queremos construir para 2036.
República Dominicana ya demostró que sabe crecer.
Ahora corresponde demostrar que también sabemos transformarnos.
Y si realmente creemos en Meta RD 2036, el mejor momento para comenzar no es dentro de diez años. Es ahora.
jpm-am
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