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Politica

David Collado tiene que bajar del Olimpo (OPINION)

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Por Javier Fuentes

Han pasado varios meses desde que publiqué mi primer artículo sobre David Collado, el cual no lo escribí con la intención de hacerle daño a su figura política, sino desde mi condición de analista. Pero, como es normal, algunos pensaron lo contrario, y lamento que les haya molestado.

Cuando escribo, estoy muy consciente de que la subjetividad está siempre en el receptor, que asimila el texto desde sus intereses. En aquel momento no tenía la intención de que favoreciera a ninguno de sus adversarios. Ahora bien, cuando defina mi simpatía, lo haré, y diré y escribiré de ella o de ellos desde mis convicciones, en las que me da lo mismo lo que opinen y si debo estar fuera o dentro…

Porque fueron y serán esas mismas convicciones las que me llevaron a publicar aquel artículo explicando las debilidades de su personalidad con relación a las bases del PRM, en el que entendía que existía una gran diferencia entre el David que aparecía en las encuestas y el David que percibían muchos dirigentes desde que se apagaban las cámaras.

Pero la reacción fue tan virulenta que terminé confirmando una sospecha: hay proyectos políticos que toleran mejor la adulación que el análisis.

No me sorprendió.

Lo preocupante es que, después de todo este tiempo, mi principal inquietud sigue en pie. Y quizás hoy es más importante que antes, porque el proyecto David ha crecido. Tiene más dirigentes. Tiene más visibilidad. Tiene más respaldo institucional. Tiene más presencia mediática.

Lo que no estoy seguro de que tenga es más profundidad política para ganar una convención interna con un padrón cerrado.

Y esa diferencia es decisiva.

La política está llena de candidaturas que crecieron hacia arriba y terminaron descubriendo que tenían poco sostén hacia abajo. Ese es el peligro, no el crecimiento: la fragilidad de creer lo que no es.

Hay personas alrededor de David Collado que parecen convencidas de que una precandidatura puede construirse utilizando las mismas herramientas con las que se construye una marca empresarial exitosa: posicionamiento, publicidad, redes sociales, encuestas, eventos, fotografías, narrativas cuidadosamente administradas.

Está bien, todo eso sirve.

Relación humana

Pero nada de eso sustituye en política los lazos afectivos. Y la política, a pesar de todo, en su estado más elemental, sigue siendo una relación humana.

No una estrategia comunicacional ni únicamente una campaña de marketing. Es porque hay y habrá una relación humana al final. Y más ahora, después de tanto descontento.

Yo hablo directamente con parte de la dirigencia de varias circunscripciones y recibo sus quejas, dolores, y me dicen: escriba y hable de eso.

Es más, me hablan de los funcionarios que no reciben y que son mudos. Y como la publicidad del gobierno, según periodistas amigos que se arriesgaron por el partido, se la dan a los enemigos o contrarios políticos que no se rompieron el espinazo por el PRM. Por eso sigo pensando que algunos observan el fenómeno político desde no muy, sino demasiado arriba.

Desde demasiado arriba se ven los números. Desde muy abajo se ven las personas. Desde demasiado arriba aparecen las gráficas. Desde muy abajo aparecen los conflictos.

Entonces, llegamos a la conclusión de que desde arriba se celebran los porcentajes y desde abajo se escuchan los resentimientos.

La política tiene una característica que los consultores extranjeros rara vez logran comprender plenamente. Aquí el dirigente no solamente sigue al candidato que considera capaz; sigue al candidato que siente suyo. Son cosas distintas. Muy distintas.

Un dirigente puede admirarte y no movilizarse por ti. Puede respetarte y no sacrificarse por ti. Puede reconocer tus cualidades y, aun así, sentir que no pertenece a tu proyecto. Ahí es donde aparece el verdadero problema de la política, que no funciona solamente con admiración.

Vuelvo de nuevo con el paradigma por excelencia: José Francisco Peña Gómez, quien construyó una relación tan emocional con las bases que psicosocialmente hoy no se entiende. Lo que Peña Gómez representaba trascendió el poder de Joaquín Balaguer y la intelectualidad de Juan Bosch.

Por eso Hipólito Mejía desarrolló una capacidad extraordinaria para reducir distancias copiando a Peña. El zorro Danilo Medina conoce los rincones más pequeños de su estructura, y será por ello que el candidato del PLD será el que él quiera.

Ninguno era igual, ni pensaba igual, ni hacía política de la misma manera. Pero todos entendían algo fundamental: ninguna organización se sostiene únicamente sobre la popularidad de un líder. Necesita vínculos. Y los vínculos requieren tiempo, presencia, escucha, contacto.

Y, al parecer, David Collado ha resuelto con relativa eficacia el desafío de la visibilidad, aunque todavía no ha resuelto el desafío del vínculo afectivo. Y entre ambos existe una diferencia enorme. La visibilidad genera atención. El afecto genera lealtad.

Cuando las encuestas sigan posicionándolo cabeza con cabeza, en un empate técnico con Carolina, la estampida será grande. Porque el vínculo de la lealtad política no existe, por ser un proyecto frío, sin sentimientos. La primera puede comprarse. La segunda hay que ganarla.

Por eso me preocupa cierta tendencia a confundir acumulación de presencia mediática con apoyo en la construcción de un liderazgo interno ganador.

David no ha explicado el tipo de gobierno que puede hacer.

Es por eso oportuno recordarle que no todo dirigente que llega se queda. Tampoco todo respaldo es lealtad, adhesión y compromiso.

Hemos visto figuras que parecían inevitables hasta que dejaron de parecerlo. Y entonces descubrieron que muchos de los que caminaban a su lado realmente estaban caminando detrás de las encuestas.

No detrás del proyecto, que, por cierto, nadie sabe de qué se trata. Solo se conoce una consigna: Después de Luis… David. ¿Y qué? ¿Para qué? ¿Qué va a hacer? Ese es el examen que, hasta hoy, ninguna medición puede responder.

Porque los sondeos preguntan por simpatías. La política real pregunta por sacrificios. ¿Quién está dispuesto a defender una candidatura cuando aparecen los problemas? ¿Quién la sostiene cuando llegan las dificultades? ¿Quién permanece cuando desaparece la euforia? Ahí es donde se conoce la fuerza verdadera de una estructura. No cuando todo marcha bien, sino cuando algo marcha mal.

Y precisamente es ahí donde Carolina, viniendo de atrás, está sorteando las dificultades. Por eso considero que el principal desafío de David Collado no es electoral. Ni financiero. Ni comunicacional. Es político.

Tiene que demostrar que puede construir una comunidad de lealtades y no solamente una coalición de respaldos. Tiene que demostrar que puede producir identificación y no únicamente reconocimiento. Tiene que demostrar que, además de ser una figura administrativa, puede convertirse en una referencia afectiva para una parte importante de la estructura partidaria.

Aislamiento

Porque el problema del Olimpo no es la altura. El problema del Olimpo es el aislamiento. Desde arriba todo parece funcionar. Las encuestas son alentadoras. Los auditorios lucen llenos. Los dirigentes hacen fila. Los informes son positivos. Las fotografías son perfectas.

Pero las malas noticias siempre tardan más en llegar a quienes viven demasiado arriba.

Por eso sigo pensando que David Collado tiene que bajar del Olimpo. No para perder estatura política, sino para ganar raíces. Y cuando llegue la hora decisiva, se descubrirá algo que ninguna encuesta puede medir completamente: cuántos sienten que David Collado los conoce a ellos.

Ahí estará la verdadera prueba. Y ahí, precisamente ahí, es donde todavía tengo mis reservas…

jpm-am

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