Uncategorized
Cuidados con la pechuga de pollo (OPINION)
La pechuga de pollo que aún estando en la nevera, cambia de color y adquiere un olor desagradable debe tirarse a la basura inmediatamente. El cambio de color y de olor de cualquier alimento es una evidencia científica que asegura que ese alimento ha sufrido una transformación química.
En el caso de la pechuga de pollo, el olor desagradable implica que en la carne se ha iniciado un proceso de descomposición. La descomposición se produce porque la carne se ha contaminado con bacterias (microbios).
Los microbios actúan sobre las proteínas de la carne y la transforman en cadaverina, putrescina e histamina. Estas sustancias orgánicas químicamente son aminas y están directamente relacionadas con el famoso olor a “muerto” o carne putrefacta. Así como, en general, al olor a materia orgánica en descomposición. La histamina es la sustancia que provoca sarpullidos, taquicardia y problemas respiratorios. Es una de las sustancias claves que están asociadas a procesos alérgicos.
¿Por qué cocinar la carne no resuelve el problema?
La sola presencia de las bacterias que provocan que se dañe la carne también añade la aparición de otras sustancias tóxicas. Estas sustancias tóxicas y las aminas antes mencionadas son termoestables. Esto significa que, aunque la cocción mate las bacterias, las sustancias tóxicas generadas previamente por las bacterias y las aminas antes indicadas, quedarán presentes en la carne cocinada.
Esto explica porque la carne descompuesta que es cocinada e ingerida, tiene un sabor diferente aunque se le haya sazonado con todos los ingredientes del mundo. Y que por lo general, provoca los síntomas de las reacciones alérgicas antes indicadas, y los vómitos y diarrea que son una consecuencia de las toxinas que fueron producidas por las bacterias.
En pocas palabras, y dicho de otra forma, a la temperatura ordinaria de cocción se pueden eliminar las bacterias de una carne contaminada. Sin embargo, no se pueden eliminar ni las toxinas ni las aminas termoestables que fueron producidas por esas mismas bacterias cuando actuaron degradando las proteínas de la carne.
¿Cómo podemos evitar la descomposición de la pechuga de pollo?
Aunque existen muchas recomendaciones, si usted quiere comer una pechuga de pollo, lo ideal es que compre la cantidad de carne fresca que vaya a consumir, la cocine y se la coma toda de una vez –en un sólo momento-.
Refrigerar durante 4 ó 5 días, la pechuga de pollo, en la parte debajo del congelador, que es la parte más fría de la nevera, no garantiza que la pechuga se mantenga en buen estado. Aún en los supermercados, con mayores controles de la cadena de frío que a nivel doméstico, con un par de días se puede observar cómo la pechuga de pollo va perdiendo ese color vivo que grita que la pechuga está fresca “Carne fresca”.
Congelarla sería una solución no deseable debido a que no todos sabemos cómo congelar y descongelar una carne. En la práctica se cometen muchos errores cómo congelar y descongelar para utilizar sólo la cantidad que se va a consumir y luego volver a congelar. No todos los recipientes son adecuados para congelar. La manipulación continuada de un mismo alimento, en el tiempo, le suma en cada momento una carga bacteriana. Por todas estas razones, se reitera que, lo más recomendable es que se cocine la pechuga fresca y se consuma inmediatamente.
Recomendaciones finales
Sabemos que duele tener que tirar el dinero que ya se ha pagado. Recuerda que sale más caro sufrir una intoxicación alimentaria que pone en riesgo tu salud.
Tampoco se te puede ocurrir echar esa carne podrida a perros, gatos, ni ninguna clase de animal propio o realengo. La carne que daña a un ser humano también daña los animales que nos acompañan. Cualquier alimento podrido debe ir directamente al zafacón.
JPM