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Con menguadas expectativas Abinader hará sexta rendición de cuentas (OPINION)

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El autor es periodista y exdiputado. Reside en Barahona

El presidente Luis Abinader acude este 27 de febrero a su sexta rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional, en medio de escasas expectativas ciudadanas y bajos niveles de credibilidad, mientras su popularidad muestra evidentes signos de erosión que le imposibilita generar nuevas esperanzas en una población dominicana que se siente visiblemente decepcionada, tras años de anuncios, sin realizaciones concretas.

La atmósfera política llega cargada por el impacto del caso SENASA, catalogado como el mayor escándalo de corrupción de los últimos tiempos, y porque afecta el soporte de salud de los más vulnerables, sumado al trágico desplome en la discoteca Jet Set y el apagón general que paralizó al país, situaciones que, junto a figuras oficiales vinculadas a la corrupción y al narcotráfico, constituyen las principales limitantes para que el mandatario reposiciones un mensaje de aliento a la sociedad.

En consecuencia, el jefe de Estado se presenta ante el primer poder del Estado, y ante la Nación, con un evidente margen de maniobra en extremo reducido para convencer a una población que ya no encuentra consuelo en las promesas de cambio, debido a que el alto costo de la vida y la inseguridad ciudadana, entre otros males que le aquejan, se erigen como muros infranqueables que desmiente cualquier anuncio orientado a retomar la confianza perdida.

Presidente Abinader

El difícil discurso enfocado en logros

La inversión pública se percibe actualmente como una simple política de anuncios donde la ejecución presupuestaria resulta ineficiente, dejando miles de millones de pesos inmovilizados, mientras las comunidades claman por obras de infraestructura que nunca terminan de arrancar, o de completar la obra. Esta incapacidad de gestión, denunciada por diversos sectores, confirma que para esta administración la prioridad no ha sido el gasto de capital orientado al desarrollo productivo nacional, sino el gasto improductivo y clientelar que drena los recursos nacionales.

El escenario para este 2026 proyecta nubarrones de descontento que muchos advierten podrían converger en una protesta nacional si no se produce un cambio de rumbo radical en la administración. La insistencia en sostener una nómina pública excesiva y un gasto corriente desbocado solo acelera el agotamiento de un modelo gubernamental que parece haber llegado a su límite de sostenibilidad económica y social.

De ahí que el presidente Abinader enfrente profundas limitaciones para articular un discurso de logros en áreas fundamentales como economía, seguridad y salud, donde las reformas estructurales han fracasado estrepitosamente. Con un sector eléctrico convertido en un desastre y la ausencia de obras de gran envergadura, el cuestionamiento a su gestión se vuelve directo e inevitable.

Retroceso económico y proyecciones

Muchos entienden que, en esta fecha histórica, el mandatario no podrá presentar estrategias efectivas frente a los desafíos nacionales, especialmente porque su gobierno registra el peor balance de crecimiento económico de las últimas tres décadas. Con un promedio de expansión de apenas 3.4% en cinco años, resulta una tarea imposible demostrar un compromiso real con el progreso tangible de la República Dominicana.

A lo anterior se añade que las proyecciones de crecimiento para el presente año no son halagüenas, lo que debilita aún más la narrativa oficialista frente a una población que siente el rigor de la precariedad en sus hogares. Si se aplica la teoría del efecto económico sobre la intención del voto, el panorama proyecta que el partido de gobierno enfrentaría una derrota inminente en el próximo proceso electoral.

Esta realidad, marcada por el estancamiento y la falta de planificación, sitúa al Ejecutivo en una posición defensiva donde los datos fríos desmienten cualquier intento de grandilocuencia. El país demanda soluciones concretas y no más promesas que se diluyen ante una gestión que ha priorizado la imagen mediática por encima de los indicadores de desarrollo humano.

RD en punto vulnerable

En la presente coyuntura regional, el presidente Abinader ha expuesto a la República Dominicana como una peligrosa cabeza de playa al vincular el país a la estrategia militar de Estados Unidos en el Caribe. Al firmar acuerdos que contemplan la cesión de áreas estratégicas en aeropuertos y bases militares para naves norteamericanas, ese vulnera y compromete seriamente la soberanía nacional.

Esta decisión ha sido cuestionada por diversos sectores que advierten sobre una posible instalación definitiva de bases militares extranjeras en territorio nacional, arrastrando al país a decisiones de alto impacto geopolítico en un momento sumamente delicado para la región.

Esta entrega de activos estratégicos agrava el malestar de una población que percibe cómo los intereses nacionales quedan subordinados a agendas externas. Ante la Asamblea Nacional, el Ejecutivo deberá responder si su lealtad permanece con el pueblo dominicano o si ha decidido convertir la nación en un simple peón de estrategias militares ajenas.

jpm-am

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