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Carta abierta al presidente Luis Abinader

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Señor presidente Luis Abinader:

Existe una parte de la capital dominicana que los mapas oficiales registran pero que los gobiernos parecen haber decidido ignorar: los barrios de Santo Domingo Oeste, y en particular la comunidad de Arroyo de Engombe.

Sus habitantes llevan décadas esperando lo que el resto de la ciudad considera una normalidad elemental: calles transitables, saneamiento básico y un entorno digno de ser llamado urbano. Esa espera ha durado demasiado, y ya no puede seguir.

Quien recorra hoy las calles de Arroyo de Engombe encontrará un panorama que avergüenza a cualquier noción de desarrollo. El asfalto, donde alguna vez existió, se ha convertido en un laberinto de hoyos y grietas que maltrata vehículos, quiebra ruedas y pone en peligro la integridad física de peatones y conductores. En época de lluvias, esas mismas calles y las que nunca se han asfaltado y ni siquiera se les han construido las aceras y contenes, se transforman en ríos de barro que convierten el simple acto de ir al trabajo o llevar un hijo a la escuela en una odisea cotidiana. No se trata de molestias menores; se trata de obstáculos reales que encarecen la vida, deterioran la salud y roban el tiempo de miles de familias.

Han pasado gobiernos de todos los colores y ninguno ha tendido una mano verdadera sobre estas calles. Para ellos, esta zona simplemente no existe.

Pero si el estado de las vías es grave, la situación de la Cañada de Guajimía resulta sencillamente intolerable. Ese cauce, que debería ser un canal de drenaje urbano, se ha convertido en un vertedero a cielo abierto que emana olores nauseabundos durante las veinticuatro horas del día.

El hedor no es solo una ofensa a los sentidos: es un riesgo sanitario permanente que expone a niños, ancianos y adultos a enfermedades respiratorias, gastrointestinales y dermatológicas. Los residentes han aprendido a vivir con ese olor como quien aprende a vivir con una herida que nadie cura, pero esa resignación no significa aceptación; significa abandono.

Han pasado gobiernos de todos los colores, de distintas ideologías y distintos partidos, y ninguno ha tendido una mano verdadera sobre estas calles ni sobre esta cañada. Para quienes toman las decisiones en los despachos del Estado, pareciera que Santo Domingo Oeste —y Arroyo de Engombe en particular— simplemente no existe dentro del perímetro de la capital.

No existe en los planes de inversión, no existe en los presupuestos de obras públicas, no existe en el discurso de los funcionarios cuando prometen una ciudad más justa y moderna. Esa invisibilidad sistemática es, en sí misma, una forma de discriminación territorial que merece ser nombrada con todas sus letras.

Usted, señor presidente, ha hablado reiteradamente de un gobierno de transformación, de un Estado que llega donde antes no llegaba. Los vecinos de Arroyo de Engombe y de los barrios circundantes le toman la palabra. No le piden favores ni limosnas; le piden lo que la Constitución y la justicia social les reconocen como derecho: infraestructura vial en condiciones, saneamiento del entorno, y la dignidad que merece todo ciudadano sin importar el código postal en que nació.

No le piden favores ni limosnas; le piden lo que la Constitución y la justicia social les reconocen como derecho.

Las soluciones no son un misterio técnico. La rehabilitación de calles, la canalización adecuada de la Cañada de Guajimía, el mantenimiento de las áreas verdes y el refuerzo del sistema de recogida de residuos son obras que otros barrios de la misma ciudad disfrutan como si fueran un dato ordinario de la vida urbana. Lo extraordinario es que para Arroyo de Engombe esas mismas obras continúen siendo un sueño diferido.

Esta carta no es la primera que se escribe desde esta comunidad, y esa es precisamente su tragedia: hay una historia de reclamos ignorados, de delegaciones que visitaron funcionarios sin respuesta, de promesas electorales que se evaporan con el último discurso de campaña. Por eso, más que una petición, este texto es un testimonio público. Si este gobierno decide también mirar hacia otro lado, que al menos quede escrito quiénes miraron y quiénes no.

Señor presidente Abinader: los habitantes de Arroyo de Engombe, de la Cañada de Guajimía y de los barrios colindantes de Santo Domingo Oeste no piden más paciencia. Han tenido paciencia de sobra. Lo que piden —lo que exigen— es acción inmediata, concreta y sostenida. Que esta vez alguien en el poder tenga la voluntad de que su nombre quede asociado, no al olvido, sino a la transformación de una comunidad que lleva demasiado tiempo esperando ser vista.

Escrito en nombre de los residentes de Arroyo de Engombe y barrios circundantes, Santo Domingo Oeste.

jpm-am

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