Opinion
¿A quién beneficia la Presa Boca de los Ríos?
Todo ser humano puede cometer errores, incluso —y quizá con mayor razón— quienes poseen un alto nivel de intelecto. Sin embargo, cuando se habla de “los dos errores de Juan Bosch”, hay que hacerlo con respeto, decirlo de frente y, como se decía en otros tiempos, quitarse el sombrero. En aquella época, la palabra de un hombre tenía peso, admiración y autoridad, especialmente cuando se trataba de un líder de masas como Juan Bosch, expresidente de la República y fundador de dos partidos políticos: el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Juan Emilio Bosch Gaviño fue expresidente de la República y uno de los intelectuales más grandes de la literatura dominicana. Su legado incluye aproximadamente 12 novelas, más de 60 cuentos, más de 40 libros de ensayos y cientos de escritos que marcaron el pensamiento político, social y cultural del país.
Aun con la posición que siempre ocupó el profesor Bosch, con las herramientas y la tecnología disponibles en su tiempo, cometer errores forma parte de la experiencia humana. En aquellas décadas de los años 50, 60 y posteriores, los recursos eran limitados. Hoy, con tecnologías nunca vistas, herramientas poderosas y la llegada de la inteligencia artificial – IA, los errores pueden surgir incluso antes de doblar la esquina.
La frase “el güirero no es músico” comenzó a escucharse entre las décadas de 1950 y 1970, dentro del ambiente del merengue típico y las orquestas tradicionales. Era común oírla en colmadones, bailes campesinos, ensayos de agrupaciones típicas y conversaciones entre músicos empíricos, quienes aprendían a tocar de oído y no mediante formación académica formal.
El profesor Bosch reafirmó esa expresión y le dio mayor fuerza. Al provenir de un intelectual de su estatura, resultaba difícil cuestionar por respeto a su investidura. Sin embargo, su referencia apuntaba más específicamente a los músicos de “patio”, aquellos que tocaban de oído y no eran músicos profesionales formados en estudios. En esa época, ese “error” podía entenderse; hoy, todo músico cuenta con pentagrama, tablatura y formación técnica.
El segundo “error” del profesor Bosch, que en su momento pudo verse como una gran oportunidad para los santiagorodriguense y los habitantes de la Línea Noroeste, fue la propuesta de construcción de la Presa Boca de los Ríos, en la comunidad de El Rincón, Sabaneta, Santiago Rodríguez. Según se planteó, la obra beneficiaría a cientos o miles de personas de la provincia, aunque bien podría aplicarse aquí el refrán: “desnudar un muerto para vestir otro”.
Sigo viendo en Bosch a uno de los más grandes escritores y, quizás, al presidente con las mejores intenciones que ha tenido el país. En su contexto histórico no lo culpo: la tecnología era precaria, la pobreza no solo estaba en la sabana, y las carencias del momento empañan la realidad completa del país.
Ese segundo “error” me ha dolido tanto o más que el toletazo de Andy Abad en el séptimo juego de la serie final 2001-2002, que volteó la pizarra a favor de los Tigres del Licey. Bosch habló y propuso la construcción de la Presa Boca de los Ríos, pero es muy posible que desconociera herramientas como el Global Positioning System (GPS) o los estudios satelitales necesarios para determinar la magnitud real de la obra y sus beneficiarios. Lo cierto es que a quienes menos beneficia es a los santiagorodriguense.
Desde el anuncio de la construcción de la presa en la comunidad de El Rincón, en Santiago Rodríguez se perdió la tranquilidad y la paz. La noticia ha implicado un sacrificio humano considerable: familias enteras han tenido que abandonar sus tierras y dejarlo todo atrás. Resulta aún más penoso saber que los mayores beneficiados serán zonas ubicadas aguas abajo, como El Pino, Partido, Dajabón y Montecristi…
Otro refrán lugareño dice: “trabajo de capa perro”. Lamentablemente, al Estado dominicano parece no llegar nadie capaz de dirigir con visión y sensibilidad para que el pueblo valore su esfuerzo. ¿Cómo explicar la genialidad de bombear agua hacia zonas altas para luego desviarla a donde se necesita, como la zona urbana de Sabaneta? ¿Por qué no construir la presa en lo más alto de la montaña de la provincia y, mediante gravedad, distribuir el agua sin gastar un centavo adicional? La respuesta parece sencilla: no era negocio, ni para el gobierno que inició la obra ni para el actual.
Los comunitarios de El Rincón y de otras zonas vecinas han tenido que abandonar sus tierras y hogares, como ocurre en países marcados por conflictos como: Irán, Irak, Somalia, Siria o Israel. Todo esto por la construcción de una presa cuyo mayor beneficio será para otras provincias.
Santiago Rodríguez seguirá siendo una de las provincias que más agua aporta al Cibao, pero continuará padeciendo mientras no se haga lo que debe hacerse: actuar con visión, pensando en la gente y con verdadero respeto de Estado.
jpm-am
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