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Periodismo es algo más que contar noticias (OPINION)

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Contar lo que pasó es la base. Pero si el periodismo se queda ahí, se vuelve boletín. Y un país no se cambia con boletines. Se cambia cuando alguien entiende el porqué, el cómo y el a quién le conviene que las cosas pasen como pasan.

Periodismo es preguntar lo que el poder no quiere que preguntes. Es revisar el contrato, no solo cubrir la inauguración. Es ir al barrio después que se fueron las cámaras del ministro. Es entender que un muerto en un “intercambio de disparos” no es una nota de dos párrafos. Es una familia, un expediente, un patrón y, muchas veces, una mentira firmada por un vocero.

Hoy cualquiera con un teléfono puede dar una noticia. Un choque en la 27, un fuego en Guachupita, un video del funcionario bailando. Eso sale solo. Llega a X en 30 segundos y a WhatsApp en un minuto. Si el periodismo compite en velocidad con la red, pierde. Porque la red no verifica. La red no contrasta. La red no vuelve al día siguiente a ver qué pasó con la gente del video.

LO QUE HAY QUE SOPORTAR

El trabajo del periodista empieza donde termina el tuit. Empieza cuando llama a la fuente que no quiere hablar. Cuando pide la nómina que no aparece en el portal. Cuando cruza los datos del presupuesto con la obra que sigue en varilla después de tres inauguraciones. Empieza cuando soporta la querella, la presión del anunciante y el “no te metas en eso” de un jefe con miedo.

El autor es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York.

Periodismo también es memoria. Este país olvida rápido porque le conviene a mucha gente que olvide. El periodista es el que recuerda. El que busca la promesa de hace cuatro años y la pone al lado de la excusa de hoy. El que sabe que el director que hoy habla de transparencia es el mismo que canceló a la auditora que encontró el hoyo. Sin memoria, la noticia es solo ruido. Con memoria, la noticia es contexto. Y con contexto, la gente decide mejor.

Periodismo es traducir. La ley de presupuesto, la sentencia del Tribunal Constitucional, el informe del Banco Central. Todo eso viene en un idioma hecho para que tú no entiendas. El periodista lo mastica y te dice en buen dominicano qué significa para tu bolsillo, para tu barrio, para tu hijo. Si no traduce, no sirve. Si solo repite la nota de prensa, es relacionista público con carnet.

«UNA PIEDRA EN EL ZAPATO»

Periodismo es incomodar. Al gobierno, a la oposición, al empresario que pauta y al lector que solo quiere leer lo que confirma lo que ya cree. Si al terminar una investigación todo el mundo queda contento, algo hiciste mal. El buen periodismo te deja con una piedra en el zapato. Te obliga a mirar donde no querías. Te da datos que no puedes ignorar aunque te duelan.

Y periodismo es aguantar. Aguantar el teléfono del funcionario que te dice “tú sabes que eso no es así”. Aguantar al abogado que te manda una intimación de 50 páginas por una línea. Aguantar que te digan “vendido” los dos bandos el mismo día. Aguantar el sueldo que no da, el editor que recorta y el riesgo real de cubrir corrupción en un país donde la impunidad todavía es norma.

Decir que periodismo es solo contar noticias es reducirlo a mensajería. Las noticias son el qué. El periodismo es el por qué, el para qué, el a quién beneficia y a quién jode. Es el trabajo de hacer visible lo que el poder quiere invisible. Es el oficio de no acostumbrarse.

PREGUNTAR MAS Y PUBLICAR MENOS

En República Dominicana nos sobran noticias. Nos faltan periodistas. Nos faltan redacciones que pregunten más y publiquen menos, pero publiquen mejor. Nos falta plata para investigar y coraje para imprimir lo que se encuentra. Nos falta entender que sin periodismo no hay democracia, solo elecciones. No hay justicia, solo sentencias. No hay país, solo territorio.

Por eso, cuando te digan que el periodismo murió porque ya todo está en redes, respóndele esto. Las redes dan noticias. El periodismo da sentido. Y sin sentido, estamos al garete.

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