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Cuando el plan de retorno se vuelve recuerdo (OPINION)

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Todo emigrante se va con la misma frase en la maleta: “yo voy y vuelvo”. Es el pacto que hace con la madre que llora en el aeropuerto. Es la promesa que le repite al barrio. “Hago algo y me devuelvo”. Pero hay un día, sin fecha exacta, en que ese plan deja de ser futuro y se convierte en pasado. Cuando el plan de retorno se vuelve recuerdo.

No hay sirena ni aviso. Pasa cuando compras la primera cama y ya no duermes en colchón en el piso. Cuando cambias la línea prepago por un plan de 24 meses. Cuando tus hijos dicen “home” y no se refieren a República Dominicana. Cuando entierras a tu papá y en el vuelo de vuelta ya no te queda a quién visitar. Ahí, sin darte cuenta, firmaste. Te quedaste. El “voy a volver” se queda en tiempo verbal: condicional que nunca se conjuga.

LA PATRIA SE VUELVE POSTAL

Al principio República Dominicana duele todos los días. Extrañas el colmado, el motoconcho, el ruido. Después duele los domingos. Después solo en diciembre. Hasta que un año te das cuenta de que ya no compraste vuelo. Porque es caro, porque los muchachos tienen práctica, porque pediste vacaciones y te las negaron. República Dominicana pasa de ser casa a ser foto en el celular. De ser destino a ser origen. Y los orígenes no se habitan: se recuerdan.

El autor es periodista, jefe de redacción de ALMOMENTO.NET. Reside en Nueva York.

Irse fue tirarse sin saber nadar. Pero eras joven, sin hijos, sin hipoteca. Volver es tirarse con 45 años, tres muchachos americanos, crédito de 30 años y una carrera hecha en otro idioma. Es cambiar seguro médico por ARS que no cubre. Es cambiar 911 por “vuelva mañana”. Es cambiar sueldo en dólares por entrevista donde te preguntan “¿y por qué se fue tanto tiempo?”. El riesgo ya no es tuyo solo. Y por eso no vuelves.

LA CULPA SE NEGOCIA 

Nadie admite que no va a volver. Es muy duro decirlo en voz alta. Entonces se inventan plazos: “cuando los muchachos se gradúen”, “cuando me retire”, “cuando República Dominicana cambie”. Pero los muchachos se gradúan y se casan allá. Te retiras y el médico te queda a 5 minutos, no a 5 horas de vuelo. Y República Dominicana no cambia, o cambia para peor. Así el plazo se estira hasta que ya no hay plazo. Solo queda el recuerdo de un plan que alguna vez tuviste.

Seamos honestos: República Dominicana no tiene un carril para el que vuelve. El banco no te reconoce el historial crediticio de 20 años fuera. La DGII te quiere cobrar por el carro que trajiste. El trabajo te ve como “sobrecalificado” o “desconectado”. Los amigos de infancia hicieron su vida sin ti. Volver es llegar de visita a tu propia historia. Y nadie quiere ser turista en su biografía.

EL RECUERDO COMO CONSUELO

Entonces el plan de retorno se guarda donde se guardan las cosas que no pasaron: en la carpeta de “algún día”. Se saca en reuniones familiares, se brinda con él en Navidad, se llora con una bachata. Pero no se ejecuta. Porque ejecutar cuesta. Y recordar es gratis.

Los que se fueron no son traidores. Son gente que se adaptó para sobrevivir. Y el cerebro humano, cuando sobrevive, no juega a la ruleta dos veces.

El plan de retorno se vuelve recuerdo el día que entiendes que tu vida ya pasó allá. Y que la patria, al final, es donde te levantas el lunes para ir a trabajar.

Hasta que República Dominicana sea un lugar para vivir y no solo para extrañar, el retorno seguirá siendo eso: un recuerdo bonito que contamos, pero que no vivimos.

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