Opinion
Conducir a ciegas no puede seguir siendo normal
Por Francisco Alberto Batista Martínez
Hay experiencias que no deberían formar parte de la rutina de ningún conductor. Sin embargo, en la República Dominicana, manejar de noche por nuestras autopistas y carreteras se ha convertido, en muchos casos, en un verdadero acto de riesgo.
En el día de ayer me tocó vivirlo en carne propia. Conducía desde La Romana hacia Santo Domingo Oeste y, como suele ocurrir, la noche me alcanzó en el trayecto. A esto se sumó la lluvia. Lo que debía ser un viaje normal se convirtió en una experiencia alarmante: manejar prácticamente a ciegas. Tomé la Autopista Juan Pablo II, luego la Circunvalación de Santo Domingo y finalmente la Autopista Duarte, y en todo el recorrido la visibilidad era mínima o inexistente.
Las líneas de carril simplemente no se veían. La pintura vial era inexistente o estaba completamente desgastada. Los reflectores, que deberían guiar al conductor en condiciones de baja visibilidad, brillaban por su ausencia. Bajo la lluvia, con el pavimento mojado, todo se volvía una superficie uniforme donde no era posible distinguir carriles, bordes ni referencias claras. No era solo incómodo, era peligroso. Era, literalmente, conducir sin ver.
En esas condiciones, cualquier conductor —por más prudente que sea— queda expuesto. No se trata de imprudencia, exceso de velocidad o falta de atención. Se trata de infraestructura básica que no está cumpliendo su función. Y cuando las vías no orientan, no guían y no advierten, el riesgo se multiplica para todos.
No estamos hablando de grandes obras ni de inversiones complejas. Estamos hablando de lo más esencial: pintura vial visible, reflectores bien colocados y señalización adecuada. Elementos simples que en cualquier país organizado forman parte del mantenimiento regular de las carreteras y que tienen un impacto directo en la seguridad vial.
Por eso, hago un llamado respetuoso pero urgente al Ministerio de Obras Públicas: nuestras autopistas y carreteras necesitan atención inmediata. Necesitan ser pintadas, señalizadas y equipadas con reflectores que permitan una conducción segura, especialmente en condiciones nocturnas o de lluvia.
No podemos seguir normalizando el hecho de manejar a ciegas. No podemos aceptar que trasladarse de una ciudad a otra implique un nivel de riesgo innecesario. Garantizar vías visibles y seguras no es un lujo, es una responsabilidad básica.
Porque al final, no se trata solo de llegar… se trata de llegar con vida.
sp-am
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