Opinion
Anatomía de una economía que administra síntomas y posterga la cirugía
POR VICTOR GARRIDO PERALTA
Hay discursos que no mienten. Simplemente omiten. Y en política económica, la omisión selectiva es una forma sofisticada de anestesia: adormece la conciencia colectiva sin alterar los signos vitales del problema.
El discurso presidencial del 22 de marzo es, en ese sentido, clínicamente preciso en lo que describe… y peligrosamente incompleto en lo que calla.
El paciente que no está sano
En medicina, existen pacientes que no están en estado crítico, pero tampoco están sanos. Caminan, hablan, trabajan. Sin embargo, sus órganos vitales operan al límite. Ese es hoy el estado de la economía dominicana.
No enfrentamos únicamente un choque externo —el alza del petróleo por tensiones geopolíticas—. Enfrentamos algo más profundo: una insuficiencia fiscal crónica acumulada durante años.
Cuando un organismo destina el 87% de su energía a sobrevivir (gasto corriente) y apenas un 13% a desarrollarse (inversión pública), no estamos ante una economía en transición.
Estamos ante un organismo en distrofia funcional. El problema no es el virus. Es la debilidad del paciente antes de infectarse.
El expediente clínico: el presupuesto como diagnóstico

El Presupuesto General del Estado 2026, con un tamaño aproximado de RD$1.84 billones, no es un documento político. Es un diagnóstico. Y el diagnóstico es inequívoco:
87% gasto corriente
13% inversión pública
Este patrón no describe una economía que construye futuro. Describe un Estado que consume presente.
A esto se suma una hemorragia silenciosa:
Intereses de la deuda: más de RD$324,000 millones anuales. Una cifra que se ha duplicado en apenas seis años.
No es falta de ingresos. Es un sistema fiscal con fugas estructurales. Cada día que no se corrigen, el Estado paga el precio de su propia inercia.
La iatrogenia del sacrificio
En medicina, la iatrogenia es una alteración, especialmente negativa, del estado del paciente producida por el médico o personal de salud. Esto incluye daños físicos, pero también psicológicos o sociales.
El llamado a “sacrificio compartido” es, en este contexto, una intervención iatrogénica.
Mientras el ciudadano enfrenta aumentos en combustibles de entre 5.2% y 6.7%, el Estado preserva intactas estructuras que drenan recursos: Gasto tributario (exenciones fiscales): ~RD$390,000 millones. Déficit fiscal proyectado: ~RD$280,000 millones
Es decir, la hemorragia que se intenta cubrir con sacrificio ciudadano es menor que la que el propio Estado decide no cerrar. Eso no es ajuste. Es reasignación del dolor.
El Estado que gana peso mientras pide dieta
Hay una contradicción estructural que ningún discurso logra ocultar. Mientras se habla de contención:
– La nómina pública crece en más de 46,000 empleados.
– Supera los 773,000 “servidores”.
– Representa aproximadamente el 23% del gasto total.
En términos clínicos, estamos frente a un organismo que prescribe dieta… mientras aumenta su masa adiposa. Ningún tratamiento funciona bajo esa incoherencia fisiológica.
El sector eléctrico: diálisis sin trasplante
El Estado destinó más de RD$105,000 millones al sector eléctrico en 2025. Leído sin contexto, parece esfuerzo. Leído con rigor, es evidencia de fracaso estructural.
Un sistema que pierde entre 30% y 40% de la energía que distribuye no necesita subsidios perpetuos. Necesita cirugía. Subsidiar sin reformar es equivalente a someter a un paciente a diálisis indefinida sin corregir la falla renal. Mantiene la vida. Pero impide la cura, el trasplante renal.
La economía de la ilusión
El esquema de combustibles ilustra la distorsión. El Estado grava el hidrocarburo con impuestos elevados y luego subsidia parcialmente el precio final.
Este circuito no es una política pública eficiente. Es un sistema opaco que encarece artificialmente, subsidia parcialmente y oculta el costo real.
En economía, la opacidad siempre tiene un pagador final, el ciudadano.
Fisiología comparada: por qué otros resisten mejor
La comparación internacional desmonta el argumento de inevitabilidad. En Chile opera con reglas fiscales contracíclicas. Perú limita el gasto corriente mediante marcos institucionales. Panamá sostiene niveles de inversión cercanos al 20–22% del gasto total. La República Dominicana: 13%.
La diferencia no es de recursos. Es de arquitectura fiscal.
Otros sistemas tienen amortiguadores.
El nuestro tiene dependencia.
El problema real: no es el petróleo
La narrativa oficial apunta al exterior. Pero el diagnóstico técnico es interno. La República Dominicana no tiene solo un problema de ingresos.
Tiene un problema de calidad del gasto, eficiencia institucional y diseño fiscal.
La crisis no es energética. Es estructural.
El principio olvidado: sin ejemplo no hay legitimidad
En economía política existe una regla no escrita: el sacrificio solo es legítimo cuando comienza en el poder.
No es sostenible pedir más esfuerzo a una población presionada por inflación, afectada por tasas de interés con su poder adquisitivo erosionado. Mientras el Estado mantiene privilegios fiscales, expande su nómina y subsidia ineficiencias.
Eso no es corresponsabilidad. Es asimetría.
La prescripción: cirugía, no analgésicos
El tratamiento es conocido. No es ideológico. Es técnico.
1. Revisión integral del gasto tributario
Eliminando los RD$390,000 millones en exenciones bajo criterios de costo-beneficio.
2. Congelación y auditoría de la nómina pública
Introducir evaluación de desempeño y transparencia real.
3. Reforma estructural del sector eléctrico
Subsidios condicionados a reducción verificable de pérdidas.
4. Regla fiscal vinculante
Limitar por ley el crecimiento del gasto corriente.
5. Reorientación hacia inversión pública
Elevar progresivamente el 13% actual a niveles competitivos regionales.
6. Transparencia presupuestaria en tiempo real
Con opacidad no hay eficiencia.
Esto no es una agenda política. Es una necesidad fisiológica del sistema económico.
El pronóstico
La crisis del petróleo pasará. Como han pasado todas. Pero la fragilidad estructural permanecerá… si no se corrige.
Las naciones no colapsan por choques externos. Colapsan por ignorar las debilidades que esos choques revelan.
Pronóstico
El verdadero sacrificio no es pagar más por la gasolina. El verdadero sacrificio es reformar un Estado que ha evitado reformarse a sí mismo durante demasiado tiempo.
Y ese sacrificio —si ha de ser legítimo— no puede empezar en el ciudadano.
Debe comenzar en el presupuesto. Debe comenzar en el poder. Debe comenzar en el Estado.
jpm-am
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