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Opinion

La guerra en el Golfo: lecciones económicas para RD

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El autor es educador y político. Reside en Nueva York.

Por HECTOR RAMIREZ

Los conflictos en el Golfo Pérsico casi nunca se quedan solo en esa región. Cada tensión militar en esa zona termina afectando los mercados energéticos, el comercio internacional y la estabilidad económica de muchos países, incluso de aquellos que están a miles de kilómetros del conflicto.

Por eso, para economías como la dominicana, un conflicto prolongado en el Golfo no es solo un problema geopolítico lejano, sino un riesgo económico que puede afectar directamente el crecimiento, los precios y el poder adquisitivo de la población.

Si el conflicto se prolonga, uno de los primeros efectos se vería en el precio internacional del petróleo. La República Dominicana depende en gran medida de combustibles importados para generar electricidad, mover el transporte y sostener una parte importante de su actividad económica. Por eso cualquier aumento en el precio del petróleo termina reflejándose en el costo de la energía, el transporte, los alimentos y en el costo de la vida.

En 2025 la República Dominicana importó aproximadamente US$4,616 millones en petróleo y derivados. Esto muestra el nivel de dependencia que todavía tiene la economía dominicana de los combustibles fósiles.

Si el precio del petróleo aumentara 10 %, la factura energética del país podría subir alrededor de US$461 millones. Si el aumento fuera 15 %, el impacto sería cercano a US$692 millones. Y si el incremento llegara a 30 %, el costo adicional superaría los US$1,385 millones.

Ese aumento terminaría reflejándose en el precio de la electricidad, el transporte, los alimentos y en el costo de la canasta familiar.

La economía dominicana creció alrededor de 2.1 % en 2025, según datos del Banco Central. Con un PIB nominal cercano a US$129.7 mil millones, ese crecimiento equivale aproximadamente a US$2,723 millones de actividad económica adicional durante ese año.

Distribuido entre una población cercana a 11.5 millones de habitantes, ese crecimiento representa cerca de US$237 adicionales por persona.

Sin embargo, si el precio del petróleo aumentara 10 %, el impacto sobre la factura energética sería de aproximadamente US$461 millones, equivalente a unos US$40 por habitante. Con un aumento de 15 %, el impacto subiría a unos US$60 por persona, y si el aumento alcanzara 30 %, el costo adicional sería cercano a US$120 por habitante.

En otras palabras, una parte importante del crecimiento económico del país podría verse absorbida simplemente por el aumento en el costo del petróleo y sus derivados.

Cuando el crecimiento económico se reduce hay menos inversión, menor actividad productiva, menos recaudación fiscal y menos recursos para infraestructura y servicios públicos. También significa menos dinero circulando en la economía y menor capacidad de las familias para adquirir bienes y servicios.

Para 2025 el presupuesto del Gobierno Central consignó aproximadamente RD$333,486 millones para intereses y comisiones de la deuda pública, equivalente a cerca de 4 % del PIB. Esto significa que en un escenario de menor crecimiento económico el país tendría menos ingresos mientras una parte importante del presupuesto seguiría comprometida en obligaciones financieras.

Este tipo de vulnerabilidad energética explica por qué muchas economías han buscado diversificar sus fuentes de crecimiento y reducir su dependencia de factores externos.

Existe la percepción de que las economías del Golfo dependen exclusivamente del petróleo. Sin embargo, varios países de esa región comenzaron hace décadas procesos de diversificación económica.

En Bahréin aproximadamente 85 % de su economía proviene de sectores no petroleros. En los Emiratos Árabes Unidos cerca de 75 % del PIB ya no depende del petróleo. En Qatar las actividades no petroleras representan alrededor de 65 % de la economía.

Uno de los ejemplos más claros de este proceso es Dubái.

Su economía se basa en comercio internacional, servicios financieros, turismo, logística, bienes raíces, tecnología y aviación. Hoy menos del 1 % de la economía de Dubái depende del petróleo, lo que significa que más del 99 % proviene de sectores no petroleros.

En los primeros nueve meses de 2025 la economía de Dubái produjo 355 mil millones de dirhams, equivalentes a aproximadamente US$96.7 mil millones. A ese ritmo su economía anual ronda US$129 mil millones, una cifra cercana al tamaño de toda la economía dominicana.

Dubái tiene cerca de 4.2 millones de habitantes, mientras que la República Dominicana cuenta con alrededor de 11.5 millones. El ingreso por habitante en Dubái ronda los US$30,000, mientras que en la República Dominicana se sitúa alrededor de US$12,600.

La experiencia de Dubái demuestra que incluso economías ubicadas en regiones petroleras han optado por diversificar su modelo productivo para reducir su dependencia de un solo recurso.

Turismo

El turismo es uno de los sectores donde esta diferencia de modelo económico se hace más evidente.

En 2025 la República Dominicana recibió aproximadamente 11.6 millones de turistas, generando US$11,318 millones en ingresos turísticos, lo que equivale a cerca de US$975 por visitante.

El modelo turístico dominicano ha permitido desarrollar una industria importante para la economía del país. Sin embargo, también muestra los límites de un esquema basado principalmente en grandes volúmenes de visitantes y bajo ingreso promedio por turista.

Un modelo centrado en la masificación tiene ventajas, pero también implica mayor demanda de alimentos, transporte, energía y otros servicios.

Cuando esa demanda aumenta los precios tienden a subir. Los turistas suelen tener mayor capacidad de pago porque llegan con monedas más fuertes, mientras que los residentes locales deben adquirir esos mismos bienes y servicios con ingresos en moneda local.

Un turismo basado únicamente en volumen puede aumentar la presión sobre los precios internos más rápido de lo que aumenta el ingreso que deja cada visitante.

Por esa razón el reto no es abandonar el modelo turístico actual de forma abrupta, sino evolucionar desde un turismo basado principalmente en volumen hacia uno que genere mayor valor económico por visitante.

Dubái recibe menos del doble de turistas que la República Dominicana, pero su industria turística genera casi cuatro veces más ingresos, lo que evidencia la diferencia entre un modelo basado en volumen y otro basado en valor.

Si el gasto promedio por turista en la República Dominicana aumentara de US$975 a US$1,200, el país podría generar más de US$2,600 millones adicionales al año, una cifra superior incluso al impacto económico que tendría un aumento de 30 % en el precio del petróleo.

La inversión extranjera también es uno de los pilares de la economía dominicana. En 2025 el país recibió aproximadamente US$5,032 millones en inversión extranjera directa.

Sin embargo factores como la burocracia administrativa pueden desincentivar nuevas inversiones. En muchas economías competitivas el mensaje al inversionista es simple: venga, invierta y produzca; luego se regula.

En cambio en la República Dominicana el proceso muchas veces se percibe al revés: pague primero, complete trámites y luego veremos.

Un ejemplo es el impuesto equivalente al 1 % del capital social autorizado al momento de constituir una empresa.

Si reformas regulatorias permitieran aumentar la inversión extranjera apenas 10 %, el país podría captar alrededor de US$500 millones adicionales al año, una cifra comparable al impacto que tendría un aumento de 10 % en la factura petrolera del país.

La República Dominicana también tiene condiciones naturales favorables para ampliar el uso de energías renovables, especialmente la solar. Actualmente cerca de 22 % de la generación eléctrica proviene de fuentes renovables. Si esa proporción aumentara hasta 35 %, el país podría sustituir aproximadamente 13 % de la generación basada en combustibles fósiles.

Tomando como referencia las importaciones de combustibles del país, una reducción de esa magnitud podría representar cerca de US$600 millones anuales.

Las exportaciones de zonas francas también juegan un papel clave en la generación de divisas. En 2025 las exportaciones de este sector superaron los US$8,600 millones. Si el crecimiento del nearshoring hacia Estados Unidos permitiera aumentar estas exportaciones apenas 8 %, el país podría generar cerca de US$688 millones adicionales al año.

Otro factor que también influye en la percepción económica del país es el orden urbano.

La República Dominicana cuenta con un parque vehicular que supera los 6.6 millones de unidades, de las cuales aproximadamente 3.8 millones son motocicletas. Una parte importante participa en el transporte informal de pasajeros y en muchos casos en condiciones precarias.

Los motociclistas están involucrados en alrededor de 73 % de las muertes por accidentes de tránsito y el país registra más de 3,000 muertes anuales por esta causa.

Un país donde exista caos urbano proyecta una imagen de desorden y falta de organización, lo que puede desincentivar no solo a inversionistas sino también a un turismo de mayor valor.

Visto en conjunto, varias medidas de diversificación económica podrían generar recursos comparables o superiores al impacto de un aumento significativo en el precio del petróleo: la expansión de energías renovables podría representar alrededor de US$600 millones anuales; un aumento de 10 % en la inversión extranjera cerca de US$500 millones; un mayor gasto promedio por turista más de US$2,600 millones; y un crecimiento moderado de las exportaciones de zonas francas alrededor de US$688 millones.

Diversificar la economía no es solo una estrategia de crecimiento. También es una forma de reducir la vulnerabilidad frente a shocks externos.

En un mundo cada vez más interconectado, la capacidad de una economía para resistir crisis externas depende en gran medida de qué tan diversificada esté su estructura productiva.

En economía, como en muchas otras áreas, esperar a que llegue el golpe suele ser más costoso que anticiparse a él.

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