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Dr. Luis Asilis Tabry: ejemplar padre y sobresaliente médico

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Papá Dios ha sido inmensamente generoso conmigo. De todas las bendiciones que me ha dado, la más hermosa y valiosa ha sido escogernos a mis hermanos Luis José, Carlos Manuel, Laura y a mí unos padres maravillosos.

Hoy, aunque ya no contamos con su presencia física —Mami partió hace diez años y recientemente el pasado 12 de mayo Él ha llamado a Papi a su lado—, su legado late fuerte en cada uno de nosotros. A él dedico estas líneas con todo mi amor.

Dr. Luis Antonio Asilis Tabry, Luisito, el más joven de seis hermanos (Emilio, José, Julia, Elena, Altagracia y él).  Médico, gran hijo, esposo ejemplar, padre sin igual, hermano, abuelo, tío, primo, amigo y ciudadano ejemplar.

Luis Asilis Tabry

Como hija, puedo decir que su abnegación familiar, continua y profunda, solo puede resumirse como un fiel reflejo del amor del Padre Celestial.

Tanto Mami como él se esmeraron en darnos una educación integral de excelencia, especialmente en la fe. Nos inscribieron desde niños en colegios católicos: los jesuitas del Loyola para mis hermanos y el Instituto Veritas de las teresianas para Laura y para mí. Siempre nos impulsaron a dar lo mejor de nosotros.

Un capítulo especial merece su pasión por los caballos y la linda comunidad de amigos de Adopaso -Asociacion Dominicana de Caballos de Paso Fino. Sus paseos en familia  a Jarabacoa a cabalgar y las competencias de las cuales muchas veces fue juez en la Feria Ganadera.

Por supuesto que debo mencionar sus amigos y colegas médicos, de forma especial a su mentor Dr. Guarionex López Rodríguez, su pupilo Dr. Andrés Rodríguez y su sobrino, que estuvo pendiente de él hasta el final Dr. José Asilis Zaiter.

Tuve el privilegio de vivir infinidad de anécdotas a su lado, pero hay una que resume su bondad infinita.

Siendo muy niña, saqué una nota muy mala en un examen. Llegué a casa con los ojos llenos de lágrimas y vergüenza. Me acerqué a él temiendo una regañon, pero me miró con infinita ternura, me abrazó fuerte y simplemente me dijo:

 —“No te apures, en el próximo te irá mejor, ahora ¡vamos a bailar!”.

Ese abrazo y esas palabras se grabaron para siempre en mi corazón. Nunca más me descuidé en los estudios, pero lo más importante es que experimenté su ternura exquisita e incondicional, que desde entonces forma parte de mi ADN y entendí profundamente cómo es el amor incondicional de nuestro padre Dios.

Intentaré describirle: fue un hombre sencillo con una elegancia natural por su trato exquisito, amable y respetuoso con todos, sin importar  su condición económica o social.

LA AUTORA es mercadóloga y comunicadora. Reside en Santo Domingo.

Fue un gran hijo, sobretodo con su mamá, abuelita Chafica ya que apenas conoció a su papá. Quedó huérfano paterno con  apenas 7 años -se llamaba Habib Asilis que traducido del árabe es Javier, fueron inmigrantes árabes cristianos  asentándose en San Francisco de Macorís y ayudándole como sus hermanos en su tienda luego vino a Santo Domingo donde estudió medicina en la UASD y haciendo su especialidad en New York (Ginecología y Obstetricia).

Como esposo fue ejemplar, casi llegaban al 60 aniversario de bodas: estuvo pegado de ella en las buenas y en las muy malas y viceversa) nunca se separó de Mami, especialmente durante su larga y difícil enfermedad.

Como médico, incluso años después de su jubilación, sus pacientes aún hablan de él no solo como un excelente profesional, sino como un ser humano excepcional, un sabio consejero y un hombre 100% provida. Atendía con el mismo cariño y esmero a las pacientes sin recursos, muchas veces de forma gratuita.

Fue un hombre de profunda Fe cristiana. Junto a Mami hizo el Cursillo de Cristiandad, participó activamente en el Movimiento Familiar Cristiano y vivió su fe con coherencia y alegría.

Me hago eco de las palabras de María Laura mi ahijada, su nieta quien dijo de él:

 «Fue su don de encontrar felicidad en lo cotidiano, en lo simple, donde pocos miran. Siempre admiré cómo vivía sin prisa y sin afán. Tuve el privilegio de estar especialmente cerca de él en sus últimos meses: compartiendo, haciéndole preguntas, contándole cuentos y rezando juntos. Cada vez que terminábamos una oración yo le preguntaba si quería agregar algo, y su respuesta siempre era la misma: “darle las gracias a Dios”. Hasta en la ausencia de salud, daba gracias. En sus momentos más difíciles, sonreía a la vida y a todo el que lo visitaba.»

Coincidimos en una verdad profunda:  No te extrañaremos del todo, porque vives y vivirás muy dentro de nosotros, en cada abrazo, en cada consejo sabio, en cada risa tranquila y en cada “gracias a Dios”.

Gracias, Papi. Gracias, Papapa.

Gracias por tu ejemplo, por tu amor incondicional, por tu ternura infinita y por la hermosa vida que nos regalaste.

Les comparto una frase suya que la hizo vida hasta el final: «Hay que ser felíz con lo que se tiene y conforme con lo que no se tiene».

Hoy, desde el Cielo, sigue cuidándonos y enseñándonos a vivir con la misma sencillez, gratitud y amor con que tú lo hiciste.

jpm-am

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