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Darializa Ávila Chevalier «pone rápido» a Adriano Espaillat (OPINION)

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En política hay silencios que pesan más que un discurso. Y hay intervenciones que, por breves, reordenan el tablero completo. Eso hizo Darializa Ávila Chevalier con Adriano Espaillat: lo puso rápido, sin gritar, sin insultar, pero sin dejarle espacio para el regate.

El congresista dominicano de mayor rango en Estados Unidos está acostumbrado a marcar la agenda de la diáspora. Habla, y los demás comentan. Esta vez fue distinto. Habló Ávila Chevalier, y ahora es Espaillat quien tiene que comentar.

CUANDO LA BASE SE CANSA DEL LIBRETO 

Adriano Espaillat construyó una carrera histórica. Primer dominicano en el Congreso de EE.UU., representante del Distrito 13 de Nueva York, voz constante en temas de migración y comercio. Ese capital político es real. Pero el capital, si no se renueva, se devalúa.

Ávila Chevalier entendió el momento. La diáspora ya no aplaude en automático. Quiere saber qué se hizo con el TPS, por qué los vuelos siguen caros, qué pasó con los fondos para pequeñas empresas después de la pandemia, cómo se defiende a República Dominicana cuando desde Washington le caen arriba con informes y sanciones. En ese terreno, Espaillat ha tenido más comunicados que resultados. Y Ávila Chevalier lo dijo sin anestesia.

Poner rápido a alguien en política no es faltarle el respeto. Es cerrarle las salidas fáciles. Es obligarlo a bajar del discurso general a la rendición de cuentas específica. Eso fue lo que pasó.

EL AUTOR es periodista, jefe de redacción de Almomento.net. Reside en Nueva York.

LOS TRES GOLPES QUE DEJARON A ESPAILLAT SIN GUION

Golpe uno: La representación no es un monólogo. Ávila Chevalier le recordó que ser “el congresista dominicano” no es un título vitalicio ni un cheque en blanco. Es un contrato que se renueva con gestión. Le citó fechas, votos y ausencias. No acusaciones al aire: actas del Congreso, declaraciones públicas, contradicciones entre lo que se dice en el Alto Manhattan y lo que se vota en el Capitolio.

Golpe dos: La diáspora no es una alcancía. Uno de los puntos más duros fue cuando le señaló que la comunidad no puede ser solo la fuente de recaudación cada dos años. Si se le pide al bodeguero, al taxista, al médico y a la enfermera que aporten, que movilicen, que defiendan, lo mínimo es que vean retorno. ¿En qué tradujo Espaillat su cercanía con la Casa Blanca durante los últimos años? ¿Qué ley empujó que le cambie la vida al dominicano de a pie en Nueva York, Nueva Jersey o Lawrence? Ávila Chevalier puso esas preguntas en el centro y, de paso, dejó claro que ya no basta con tomarse la foto en el malecón.

Golpe tres: El silencio también es una posición. Espaillat ha optado por la prudencia en temas que dividen. A veces eso es estrategia. Otras veces es cálculo. Ávila Chevalier lo confrontó con eso: cuando República Dominicana fue atacada por su política migratoria, cuando se intentó vincular al país con listas grises, cuando empresarios dominicanos denunciaron trato desigual en licitaciones federales, ¿dónde estuvo la defensa firme, pública y riesgosa del congresista? No la defensa de pasillo. La defensa de micrófono.

POR QUE ESTO IMPORTA MAS ALLA DE DOS NOMBRES? 

Esto no es un pleito de egos. Es un cambio de época. La diáspora dominicana en EE.UU. ya no es la de 1994 ni la de 2004. Es una comunidad que mueve más de 10,000 millones de dólares al año en remesas, que tiene jueces, fiscales, concejales, empresarios con contratos federales y generales en la Policía. Esa comunidad ya no compra el “confía en mí porque soy uno de los tuyos” sin recibo.

Ávila Chevalier representa a ese nuevo votante: informado, impaciente, sin complejos para pedir cuentas. Le habló a Espaillat, pero el mensaje le llegó a toda la clase política que vive de la nostalgia. El tiempo de la política decorativa, la que solo va a las patronales y al desfile, se está cerrando.

¿Y AHORA QUE? 

En béisbol, cuando te ponen rápido, el siguiente picheo lo es todo. Si tiras pegado, te la sacan. Si tiras afuera, te roban la base. Espaillat tiene tres opciones:

Opción A: Ignorar. Hacer como que no escuchó. El riesgo es que el silencio valide la crítica y que Ávila Chevalier se convierta en la voz que articula el malestar.

Opción B: Victimizarse. Decir que lo atacan por ser exitoso, que hay envidia, que dividen a la comunidad. Ese guion está gastado y la diáspora ya se lo sabe.

Opción C: Responder con hechos. Agarrar las tres críticas de Ávila Chevalier y desmontarlas una por una con legislación, enmiendas, cartas firmadas, visitas de funcionarios y resultados medibles. Si hace eso, gana él y gana la comunidad.

SE ACABO EL CHEQUE EN BLANCO 

Darializa Ávila Chevalier no descubrió el agua tibia. Dijo en voz alta lo que mucha gente comenta en la barbería de la 181, en el salón de belleza de Grand Concourse y en los grupos de WhatsApp de Haina y Baní: el liderazgo se respeta, pero también se audita.

Poner rápido a Adriano Espaillat fue recordarle que el liderazgo de la diáspora ya no se hereda ni se improvisa. Se gana. Todos los días. Con trabajo, con respuestas y con la valentía de defender a tu gente cuando no es popular hacerlo.

Espaillat tiene todavía el bate en la mano. La bola viene. Veremos si se poncha o si la saca del parque. Por lo pronto, Ávila Chevalier ya cambió el marcador. Y eso, en política, es lo que separa a los que comentan de los que dirigen.

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