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La mente abandonada (OPINION)

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Por Víctor Garrido Peralta

Radiografía de un sistema que decidió no tratarse

Hay países que subestiman la salud mental. La República Dominicana la ha desfinanciado.

Esa diferencia no es semántica. Es clínica.

Cada mañana, en las calles de Santo Domingo, el sistema de salud mental pasa visita. Pero no en hospitales.

Pasa visita en aceras.

Hombres dialogando con voces que nadie más escucha. Mujeres atrapadas en delirios sin nombre clínico.

Jóvenes errantes, expulsados no por su enfermedad, sino por la inexistencia de una red que los contenga.

Ese es el verdadero pase de sala de la psiquiatría dominicana.

Y el diagnóstico es inequívoco: falla multiorgánica de un sistema que existe en la ley, pero no en la realidad.

Un marco moderno, una ejecución ausente

La República Dominicana no carece de marco legal. La Ley 12-06 de Salud Mental y la Ley 42-01 establecen un modelo comunitario alineado con estándares internacionales.

Sobre el papel, la arquitectura es correcta. En la práctica, es irrelevante.

Porque en salud pública —como en medicina clínica— un protocolo que no se ejecuta es indistinguible de su ausencia.

El presupuesto: el verdadero diagnóstico

El indicador más honesto de un sistema no es su discurso. Es su presupuesto.

La salud mental recibe alrededor del 0.73% de la inversión en salud. La OMS recomienda entre 5% y 10%.

La brecha no es técnica. Es ética.

Un país que invierte menos del 1% en la mente ha tomado una decisión estructural: ha decidido que el sufrimiento psíquico puede esperar.

Pero no espera. Se acumula. Se agrava. Se manifiesta.

Epidemiología del abandono

Más de 2 millones de dominicanos viven con trastornos mentales. Hasta un 37% de la población presenta síntomas relevantes. Más de 600 suicidios anuales, con miles de intentos no registrados. El suicidio es el biomarcador más duro de un sistema.

Cuando aumenta, no falla el individuo. Falla la estructura que debía sostenerlo.

Infraestructura: la ausencia como política

Menos de 300 psiquiatras para 11 millones de habitantes. Menos de 100 camas psiquiátricas públicas. Provincias enteras sin capacidad de hospitalización.

Esto no es déficit.

Es deserción institucional.

El error estratégico

El cierre del modelo manicomial fue conceptualmente correcto. Pero se ejecutó sin construir la red sustitutiva.

Se desmontó el hospital. No se edificó el sistema.

En medicina, esto tiene nombre: iatrogenia estructural.

Hoy, la institucionalización fue reemplazada por la calle.

Y la calle se convirtió en el principal espacio de contención psiquiátrica del país.

Sin protocolos. Sin fármacos. Sin seguimiento.

La brecha terapéutica

La brecha de tratamiento supera el 75%. Ocho de cada diez pacientes no reciben atención.

No estamos ante un sistema limitado. Estamos ante un sistema que no está operando.

La respuesta cultural: tratarse mal

Cuando el sistema desaparece, la cultura interviene.

Automedicación. Benzodiacepinas sin control. Antidepresivos interrumpidos.

Y la medicina del rumor:

Tilo. Valeriana. Pasiflora. Alcohol como ansiolítico social.

El problema no es cultural. Es clínico.

La esquizofrenia es una enfermedad neurobiológica.

La depresión mayor no es debilidad de carácter.

Tratarlas sin evidencia no es alternativa. Es negligencia.

El mercado del vacío

Donde el Estado se retira, el mercado ocupa el espacio.

Coaches sin formación clínica. Suplementos sin regulación. Diagnósticos por redes sociales.

Esto no es innovación. Es abandono institucional con apariencia moderna.

El costo invisible

Los trastornos mentales no solo matan. Incapacitan.

Representan una de las principales causas de discapacidad global (DALYs).

Su impacto es sistémico:

Pérdida de productividad. Empobrecimiento familiar. Fragmentación social.

Un sistema que ignora la salud mental no ahorra. Se endeuda socialmente.

La causa real

No es falta de recursos. Es falta de prioridad.

El verdadero diagnóstico no está en el DSM-5 ni en la CIE-11. Está en el presupuesto.

La prescripción

No se requieren ideas nuevas. Se requiere decisión.

Elevar inversión a ≥5% del presupuesto de salud. Garantizar 15 camas por cada 100,000 habitantes

Cobertura obligatoria en ARS. Integración en atención primaria

Línea nacional de crisis 24/7. Expansión real de las Unidades de Intervención en Crisis (UIC)

Esto no es ambición. Es el estándar mínimo.

Veredicto final

La República Dominicana no enfrenta solo una crisis de salud mental. Enfrenta una crisis de conciencia.

Porque ignorar el sufrimiento psíquico no lo elimina. Lo desplaza.

A las calles. A los hogares. A las estadísticas de muerte.

La decisión

El diagnóstico está hecho. El paciente está inestable.

Y el país enfrenta una elección impostergable:

Seguir administrando paliativos…o iniciar el tratamiento estructural.

Porque esto no es un episodio leve. Es una enfermedad crónica, progresiva y descompensada.

Y como toda enfermedad avanzada, exige lo inevitable: intervención inmediata.

jpm-am

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