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Opinion

Turismo de RD: mucho marketing, pocos beneficios para el pueblo

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POR ALFONSO BENOIT

Cada vez que las autoridades anuncian un nuevo récord de turistas en República Dominicana, escucho hablar de crecimiento económico, inversiones extranjeras y millones de dólares que supuestamente representan prosperidad para todos. Durante décadas, los gobiernos han presentado el turismo como el corazón de nuestra economía.

Sin embargo, como ciudadano dominicano, pregunto: ¿cuánto de ese dinero ingresa realmente al Estado mediante impuestos y cuánto se traduce en bienestar para nuestro pueblo?

No niego la importancia del turismo. Cuestiono que cada hotel inaugurado y cada récord de visitantes se presenten como una victoria nacional sin explicar cuánto recauda el Estado, qué beneficios fiscales concede y quiénes reciben las mayores ganancias. Una cosa es promocionar nuestro destino y otra demostrar que el crecimiento de esta industria beneficia justamente a los dominicanos. La publicidad no puede sustituir una rendición de cuentas.

Las cifras oficiales permiten una comparación reveladora. Según el Banco Central, en 2025 las remesas familiares alcanzaron US$11,866.3 millones, mientras los ingresos por turismo fueron de US$11,321.4 millones: una diferencia de US$544.9 millones a favor de las remesas. Nuestros compatriotas en el extranjero enviaron más divisas por esa vía que las generadas por el turismo. ¿Por qué su contribución recibe menos protagonismo?

Para 2026, las perspectivas del Banco Central sitúan las remesas alrededor de US$12,600 millones y proyectan ingresos turísticos superiores a US$12,200 millones. Ese dinero enviado desde el exterior permite a numerosas familias comprar alimentos, pagar viviendas, medicamentos y servicios, además de dinamizar el comercio. Ni las remesas ni los ingresos turísticos son, por sí mismos, impuestos recaudados: ambas cifras representan entradas de divisas distintas.

Principal cuestionamiento

El informe oficial de Estimación del Gasto Tributario 2026 calcula en RD$14,691.71 millones los beneficios fiscales asociados al turismo. Son casi quince mil millones de pesos que el Estado estima dejar de recaudar mediante exenciones y tratamientos especiales. No es dinero entregado directamente a las empresas, sino impuestos que no se cobrarían bajo esos regímenes preferenciales. ¿Qué recibe realmente el país a cambio? El Gobierno debe responder con transparencia.

¿Cómo puede una industria que presume de generar miles de millones de dólares necesitar incentivos fiscales de semejante magnitud? Mientras los dominicanos pagan ITBIS sobre numerosos bienes y servicios y cumplen sus obligaciones, determinadas inversiones turísticas disfrutan de exoneraciones que otros negocios no reciben. Exijo saber cuáles empresas se benefician, durante cuánto tiempo y qué resultados justifican esos privilegios. Celebrar récords sin responder estas preguntas resulta insuficiente.

No basta con argumentar que el turismo crea empleos. El turismo sí paga impuestos y genera actividad económica, pero necesitamos conocer el balance entre lo que aporta al fisco y lo que el Estado deja de percibir. Por eso considero indispensable una evaluación independiente de sus incentivos. Que una industria crezca no demuestra automáticamente que todas las exoneraciones sean necesarias, proporcionales o beneficiosas para la población.

También debemos examinar la propiedad hotelera. Según datos del Ministerio de Turismo correspondientes a 2024, el 71 % de las habitaciones hoteleras registradas estaba vinculado a inversión extranjera. No estoy en contra de que empresarios extranjeros inviertan aquí.

Pregunto cuánto de sus ganancias se reinvierte en República Dominicana, cuánto se transfiere al exterior y bajo qué condiciones conservan sus privilegios fiscales. Necesitamos respuestas verificables, no propaganda.

Que un hotel opere en nuestro territorio no significa que todas sus utilidades permanezcan aquí; tampoco significa que todas salgan del país. Precisamente por eso necesitamos transparencia. Una elevada participación de capital extranjero obliga a analizar quién recibe los beneficios económicos, qué inversiones fortalecen la producción nacional y qué obtiene nuestro país a cambio de los incentivos concedidos. La propiedad y el destino de las ganancias importan.

En materia laboral, reconozco que el turismo emplea dominicanos y beneficia a comerciantes, transportistas, agricultores y proveedores. Sin embargo, debemos examinar salarios, condiciones laborales y contratación de extranjeros, incluidos trabajadores haitianos. ¿Cuántos puestos ocupan los dominicanos y cuántos corresponden a extranjeros? ¿Se cumple el Código de Trabajo? Sin estadísticas recientes no podemos afirmar porcentajes, pero tampoco aceptar que la palabra «empleos» cierre el debate.

Además, quiero saber cuánto compran los hoteles a productores dominicanos, cuántas pequeñas empresas participan en sus cadenas de suministro y qué recursos públicos requieren las zonas turísticas para carreteras, seguridad, servicios y protección ambiental. Estos costos y beneficios deben aparecer en las cuentas oficiales. No podemos evaluar la contribución del turismo únicamente mediante habitaciones ocupadas, visitantes recibidos o dólares anunciados en conferencias de prensa.

Mi crítica no es contra los turistas ni contra quienes trabajan honradamente en el sector. Es contra la idea de que cada récord de visitantes demuestra prosperidad para todos. República Dominicana merece transparencia sobre los impuestos cobrados, los exonerados y el destino de la riqueza generada. Porque una cosa es vender al mundo la imagen de un país próspero y otra demostrar que esa prosperidad llega al ueblo dominicano.

contactoalfonsobenoit@gmail.com

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