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Las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las que ha sugerido que Ucrania necesita un nuevo presidente, reabren el debate sobre el futuro de la guerra ruso-ucraniana, los límites del respaldo occidental a Kiev y las consecuencias económicas y geopolíticas de un conflicto que ha alterado el equilibrio internacional.
Trump responsabiliza al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, por los ataques contra refinerías e instalaciones petroleras rusas, al considerar que estas acciones contribuyen a las dificultades del mercado energético y al encarecimiento del combustible, particularmente del diésel en Estados Unidos que ha aumentado un 70 o/o
Detrás de esta posición hay, sin embargo, intereses que trascienden el ámbito militar y energético: la necesidad de reducir las presiones económicas internas, redefinir la relación con Moscú y obtener resultados políticos antes de las elecciones legislativas estadounidenses fijadas para el 3 de noviembre del año en curso,
La decisión de Washington de facilitar nuevas importaciones de diésel ruso y flexibilizar temporalmente determinadas sanciones energéticas constituye un giro significativo en su política hacia el Kremlin. Aunque la administración Trump presenta esta medida como una vía para aliviar los precios, su impacto real sobre el mercado todavía es incierto. Pero a Trump más le interesa resultados electorales sin importar que es.
La cantidad de combustible comprometida podría resultar insuficiente para provocar una reducción sustancial y sostenida de los precios internacionales. Además, la decisión ha generado cuestionamientos en sectores políticos estadounidenses y entre aliados europeos, que advierten sobre sus posibles consecuencias estratégicas. El presidente Zelenski fue más directo.
Prioridad
No puede ignorarse el componente electoral de esta coyuntura. El aumento del costo del combustible repercute en transportistas, agricultores, productores y consumidores, sectores relevantes para la base política republicana. En consecuencia, la búsqueda de resultados económicos inmediatos se convierte también en una prioridad política para la Casa Blanca.
Sin embargo, atribuir el comportamiento de los precios exclusivamente a los ataques ucranianos sería una simplificación: la situación energética responde a múltiples factores internacionales, incluidos los conflictos armados, las restricciones comerciales, la capacidad de refinación y las condiciones de la oferta y la demanda.
Desde una perspectiva geopolítica, la guerra que comenzó con la invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022 ha puesto a prueba la cohesión de Estados Unidos, la OTAN y Europa. Occidente ha proporcionado asistencia militar, económica y financiera a Kiev con el propósito de sostener su capacidad defensiva con una guerra nunca tuvo posibilidad real de ganarse.
Moscú, por su parte, ha mantenido sus operaciones militares y sus exigencias estratégicas, mientras Ucrania dice procura preservar su soberanía e integridad territorial, pero que realmente es un instrumento de Europa y la OTAN para consumir a Rusia, lo que no han podido hacer.
Este escenario obliga a reconocer que las decisiones adoptadas desde 2014, cuando la crisis política ucraniana- destitución del presidente victor yunikovic y la anexión rusa de Crimea agravaron el enfrentamiento entre Moscú y Occidente,
forman parte de un problema de seguridad ruso-europea mucho más profundo. La expansión de la OTAN, las aspiraciones de integración occidental de Ucrania y las preocupaciones de seguridad invocadas por Rusia han sido elementos centrales de la confrontación.
Si se hubiera comprendido las causas del conflicto la OTAN no se estaría expandiendo hacia Europa del Este y menos en la frontera de Rusia y la guerra no existiría.
trajanosantana@gmail.com
jpm-am
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