Los aranceles son impuestos o tarifas aplicados a los bienes importados cuando cruzan la frontera de un país. Sirven principalmente para proteger la industria nacional al encarecer los productos extranjeros, favoreciendo la competitividad local, y para generar ingresos fiscales para el gobierno.
La electrónica es la rama de la física y la ingeniería que estudia y utiliza sistemas basados en el control del flujo de electrones y otras partículas cargadas eléctricamente, empleadas para elaborar componentes destinados a distintos usos: computadoras, celulares, radiocomunicación, equipos médicos y otros, todos en beneficio de la humanidad.
Tanto los aranceles como la electrónica tienen hoy un uso principal en los conflictos políticos entre países que, antes de la existencia de estos renglones, solían dirimir mediante guerras convencionales, en las que se utilizaban tácticas y armamentos tradicionales (tanques, aviación, infantería). Eran enfrentamientos directos entre ejércitos organizados y uniformados en campos de batalla definidos.

Hoy, en los conflictos políticos o religiosos, la parte más poderosa suele utilizar de entrada el chantaje y la amenaza de imponer aranceles a las exportaciones del país contrario. En caso de que ese método no funcione, recurre a armas electrónicas para doblegar al oponente, sin importar los daños a ciudadanos y edificaciones, todo bajo la premisa de “nuestros intereses primero”.
En su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, Donald Trump introdujo un nuevo método para obligar a países con diferencias políticas a negociar condiciones más favorables para su nación: los aranceles, bajo el argumento de que Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, con el ejército mejor preparado; es decir, imponiendo la ley del más fuerte a sus adversarios.
A varios países que no estaban de acuerdo con sus pretensiones, les impuso aranceles. Lo hizo con aliados latinoamericanos y europeos. En el caso de Irán, amenazó con bombardeos al Estado Islámico de Irán; y, junto con el Estado de Israel, así lo hizo a finales del mes de febrero. No usó el método de los aranceles: usó armas modernas con sistemas electrónicos guiados por satélite.
Como toda acción genera una reacción —y a veces en mayor proporción—, el Estado Islámico respondió atacando con mayor intensidad a los israelíes. Con esta acción, Irán demostró que los imperios ya no son tan poderosos, como también lo ha demostrado Ucrania frente a Rusia. Tanto Trump como Putin dijeron que los conflictos originados por ambos serían cuestión de días, pero les salió la vieja respondona.
Hoy, ninguno de los dos ha podido terminar la guerra. Hasta ahora, para ambos, ha sido “más la sal que el chivo”. Los costos en vidas humanas, equipos militares y pérdidas económicas son lo único que han logrado, además de la gran crisis mundial provocada por la subida del petróleo. El mundo está al borde de una pandemia económica por la inflación en todos los renglones.
Ha quedado demostrado que hoy los conflictos no se resuelven con aranceles ni con ejércitos poderosos si no existe inteligencia para contrarrestar al adversario. La electrónica, junto con la comunicación, supera a las armas más poderosas. Los drones demostraron su superioridad. No hay enemigos pequeños, cuando son taimados y flemáticos.¡Eso son los iraníes!
No existe enemigo pequeño. Cada pueblo, por humilde que parezca, tiene el mismo derecho que los demás a defender su soberanía, a proteger su territorio y a decidir su destino. Porque si uno puede imponer su voluntad, ¿por qué otro no podría resistir?
Si un país reclama el derecho de actuar en nombre de sus intereses, ¿con qué autoridad se le niega ese mismo derecho al resto de las naciones? La historia lo repite sin cansarse: la fuerza no garantiza la victoria, y la desigualdad no anula la determinación de un pueblo. Todos tienen el mismo derecho. Si tú puedes, yo también puedo.
jpm-am
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