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Opinion

Putin y el fracaso de una guerra interminable

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Cuando Vladimir Putin ordenó la invasión a gran escala de Ucrania, el 24 de febrero de 2022, seguramente esperaba doblegar rápidamente a un país que el Kremlin consideraba vulnerable. Más de cuatro años después, Ucrania sigue siendo un Estado independiente, conserva su gobierno, mantiene unas Fuerzas Armadas capaces de combatir y continúa resistiendo una guerra devastadora.

Ese hecho constituye el principal fracaso estratégico de Putin.

Esto no significa que Rusia haya sido derrotada militarmente. Sus fuerzas mantienen bajo ocupación aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano, incluyendo Crimea y zonas ocupadas antes de 2022. Pero conquistar territorios no significa necesariamente alcanzar los objetivos fundamentales de una guerra.

Putin pretendía modificar radicalmente el destino político y estratégico de Ucrania. Sin embargo, no consiguió destruir su capacidad de resistencia, sustituir su gobierno por otro subordinado a Moscú ni convertirla nuevamente en un país sometido a la influencia del Kremlin.

Uno de los primeros símbolos de aquel fracaso fue la incapacidad rusa para conquistar Kyiv. Las tropas que avanzaron hacia la capital terminaron retirándose del norte de Ucrania, frustrando cualquier expectativa de una victoria rápida.

Desde entonces, la invasión se convirtió en una brutal guerra de desgaste, donde conquistar pequeñas extensiones de territorio puede requerir meses de combates y enormes sacrificios humanos y materiales.

Pero posiblemente el mayor error de cálculo de Putin fue subestimar la voluntad de resistencia del pueblo ucraniano.

El Kremlin podía calcular tanques, aviones, misiles y soldados. Lo que aparentemente no calculó correctamente fue la determinación de millones de ucranianos para defender su identidad nacional y decidir independientemente el futuro de su país.

Vladimir Putin

La invasión produjo incluso uno de los resultados que Moscú pretendía evitar: fortaleció la identidad nacional ucraniana y profundizó su acercamiento a Occidente.

Paradoja

Existe además una extraordinaria paradoja. Putin llevaba años denunciando la expansión de la OTAN como una amenaza para Rusia. Sin embargo, después de invadir Ucrania, Finlandia y Suecia abandonaron sus políticas tradicionales de no alineamiento militar e ingresaron en la Alianza Atlántica.

Es decir, una guerra emprendida, entre otras razones declaradas por Moscú, para enfrentar el avance de la OTAN terminó contribuyendo a una nueva expansión de esa organización.

Rusia conserva una enorme capacidad militar y puede seguir conquistando territorios y provocando terribles daños. Tampoco puede afirmarse que Ucrania tenga garantizada una victoria. El desenlace de la guerra continúa siendo incierto.

Pero existe una diferencia fundamental entre ganar batallas y alcanzar el propósito político de una guerra.

Si Putin buscaba dominar Ucrania, controlar sus decisiones fundamentales y destruir su capacidad para resistirse a Moscú, después de más de cuatro años no lo ha conseguido.

Y quizá esa sea la mayor paradoja histórica de esta aventura militar: intentando impedir que Ucrania escapara definitivamente de la influencia rusa, Putin pudo haber conseguido exactamente lo contrario.

Los ejércitos pueden ocupar territorios y destruir ciudades, pero dominar la voluntad de un pueblo decidido a conservar su independencia es infinitamente más difícil.

Putin comenzó esta guerra confiando en el poder de Rusia para imponer su voluntad.

Más de cuatro años después, Ucrania continúa en pie.

Y mientras siga siendo una nación soberana, será muy difícil presentar aquella ambición de dominación como una victoria.

jpm-am

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