Opinion
Qué busca Israel, qué resiste Irán y qué arriesga EEUU
POR LUIS M. GUZMAN
La realpolitik obliga a mirar esta guerra sin disfraces morales. No pregunta quién tiene el relato más conmovedor, sino quién altera la correlación de fuerzas y quién capitaliza el desgaste ajeno. Desde esa óptica, la ofensiva israelí sobre Gaza y la presión sobre Irán no responden solo a seguridad inmediata, sino al intento de rediseñar el entorno estratégico regional y preservar una posición de supremacía duradera. Es una lógica de poder desnudo, no de redención moral.
Israel no actúa solo contra Hamas ni responde de forma aislada a un ciclo de misiles. Busca romper el arco de presión que percibe a su alrededor, Gaza, Hezbollah, milicias próximas a Teherán y la capacidad iraní de abrir frentes simultáneos. Reuters reportó que Israel se prepara para posibles ataques contra instalaciones energéticas iraníes, aunque espera autorización estadounidense para avanzar. No es un gesto táctico menor.
Eso revela una lógica clásica de poder, no basta con resistir amenazas; hay que impedir que el adversario consolide capacidad de disuasión. Israel procura degradar fuerzas enemigas, pero también demostrar que sigue siendo la potencia regional con mayor libertad de acción.
No se trata solo de defensa. Se trata de jerarquía estratégica, prestigio militar y capacidad de imponer las reglas del tablero antes de que otros alteren el equilibrio. Ese es el núcleo del cálculo.
Irán, por su parte, no necesita derrotar militarmente a Israel ni a Estados Unidos para considerarse eficaz. Le basta con volver prohibitivo el costo de cualquier intento por someterlo. Su fuerza radica en dispersar el conflicto, activar aliados, tensionar corredores marítimos y convertir una guerra regional en crisis energética mundial. En ese cálculo, el estrecho de Ormuz deja de ser un paso geográfico y se vuelve una palanca geopolítica decisiva.
Estados Unidos
Ahí entra Estados Unidos como factor decisivo. Su inclusión cambia toda la trama, porque ya no se trata solo de seguridad israelí, sino del control del Golfo, de la protección de bases, del flujo energético mundial y de la credibilidad militar estadounidense. Reuters informó sobre el despliegue de miles de paracaidistas de la 82 División Aerotransportada y otras fuerzas, lo que convierte a Washington en garante directo del rediseño estratégico buscado por Israel.
Pero aquí aparece un actor menos visible y quizá más decisivo: las potencias que no cargan con el costo principal de la guerra y aun así pueden salir fortalecidas. La portada de The Economist va justamente por ahí. Con Trump borroso en primer plano y Xi Jinping nítido al fondo, la revista plantea que China podría ganar mientras su rival se desgasta, resumido en una frase brutal, “nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.”
China no necesita disparar para sacar ventaja. Si Estados Unidos se empantana otra vez en Medio Oriente, distrae recursos de Asia, erosiona su imagen internacional y vuelve a asociarse con una guerra larga, Pekín gana tiempo, margen estratégico y espacio diplomático. Reuters reportó apuestas de inversionistas a que la crisis podría impulsar la demanda de renovables chinas, al obligar a muchos países a repensar la seguridad energética.

Rusia
Rusia, mientras tanto, encuentra otro tipo de beneficio. No necesita aparecer en el centro del conflicto para cobrarlo en el mercado. El alza del petróleo y del gas puede aliviar sus finanzas, darle oxígeno fiscal y fragmentar aún más a sus adversarios occidentales. Reuters informó que el repunte energético ligado a la guerra permitió a Moscú retrasar ajustes en su fondo fiscal. A veces la guerra no fortalece al combatiente, sino al exportador que observa desde la distancia.
Eso no significa que China y Rusia controlen todo desde la sombra ni que estén libres de costos. China también puede sufrir por energía más cara y menor dinamismo industrial; Rusia sigue atada a sus propias vulnerabilidades. Pero en geopolítica importa el poder relativo. Si tu rival estratégico carga con el costo militar, diplomático y financiero de la guerra, tú puedes salir mejor posicionado aun pagando parte del precio económico. Esa es la verdad fría de la realpolitik.
Palestina, en este cuadro, es mucho más que una tragedia humanitaria. Gaza se ha convertido también en un teatro de señalización estratégica. Israel busca demostrar que cualquier actor que combine insurgencia, apoyo iraní y guerra asimétrica pagará un precio devastador. Pero esa misma política tiene un efecto inverso, cuanto mayor es la destrucción sobre civiles, mayor es la erosión de su legitimidad y más fuerza gana el discurso regional de la resistencia.
Lo que puede esperarse, entonces, no es una victoria limpia sino una salida amarga. Tal vez una desescalada parcial donde cada actor declare haber preservado lo esencial. Tal vez una guerra prolongada de baja y media intensidad, con presión sobre rutas energéticas, frentes activos y diplomacia indirecta tratando de evitar el abismo. Lo más peligroso sería un golpe mayor sobre infraestructura energética iraní, porque eso ampliaría la crisis mucho más allá de Medio Oriente.
Conclusión
La conclusión desde realpolitik es dura, Israel puede destruir mucho, pero no necesariamente estabilizar; Irán puede resistir y desordenar, pero no necesariamente vencer.
Estados Unidos puede inclinar la balanza militar, pero también desgastarse; y China y Rusia pueden salir relativamente fortalecidas sin cargar con el peso principal del combate.
A veces la guerra no la gana quien más bombardea, sino quien espera mientras su adversario se debilita solo.
jpm-am
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